Sociedad
El dato que ocultaba el Gobierno Comunista de Pedro Sánchez: los contagios se dispararon un ¡2.064%! en Madrid tras el «aquelarre feminista» del 8-M
El Ministerio de Sanidad ha subido a la página web del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) un registro de datos de contagios «agregados notificados por las comunidades autónomas» que hasta ahora se desconocían. Así, el departamento de Salvador Illa ha revelado que el número de casos confirmados por las regiones ascendió a 995 en Madrid el pasado 8-M, día de centenares de manifestaciones feministas en toda España. Pero, ¿qué consecuencias tuvo aquella jornada? El mismo registro que Sanidad ha hecho ahora público indica que el 23 de marzo los contagios en Madrid se dispararon a 21.531, un aumento del 2.064% con respecto al 8 de marzo.
El día 23 de marzo es la fecha que refleja la situación real de los contagios en torno al 8-M, según los cálculos realizados por el propio portavoz técnico del Ministerio de Sanidad y director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón. «Lo que vemos actualmente podría estar reflejando una situación de hace 7-10 días en cuanto a aparición de síntomas», declaró Simón el martes 24 de marzo en rueda de prensa en el Palacio de La Moncloa.
Las personas que se contagiaron el 8-M, día de las marchas multitudinarias permitidas por el Gobierno de Pedro Sánchez pese a la alerta de la UE, incubaron el virus durante cinco días (según el periodo medio detectado por los expertos), de forma que experimentaron síntomas evidentes como muy tarde el viernes 13 de marzo.
A partir de esta fecha, el desfase de 7-10 días conduce al periodo que va del 20 al 23 de marzo como reflejo real de la expansión del coronavirus. Aquel 20 de marzo, según los datos que dio entonces del Ministerio de Sanidad se computaron un total de 8.921 contagiados, llegando el día 23, en la horquilla máxima, a 12.352 (1.535 fallecidos). Sin embargo, el departamento de Illa ha actualizado ahora los registros con los «agregados notificados por las comunidades autónomas» y ha cifrado los contagios confirmados en 15.686 el 20 de marzo y en 21.531 casos el 23 de marzo.
41 marchas en Madrid
El Ejecutivo de Pedro Sánchez, a través de las distintas Delegaciones del Gobierno, permitió el pasado 8 de marzo la celebración de 480 manifestaciones en toda España (sin contar Cataluña) que reunieron a más de 600.000 personas. Y ello, pese a que para entonces el coronavirus ya se encontraba propagado por el país y especialmente desbocado en la Comunidad de Madrid, donde hubo 41 manifestaciones feministas que reunieron a 136.430 personas, de las cuales 120.000 en la convocatoria principal. Así lo recoge una respuesta parlamentaria escrita del Gobierno a instancia de un grupo de diputados del PP.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
