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El despotismo de la Liga en Europa

Redacción

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El auge del fútbol español es una tendencia evidente, algo que desde más de diez años ha sido certificado por el duopolio entre Cristiano Ronaldo y Messi en la consigna del Balón de oro. El luso, 9 años en el Real Madrid, y el argentino, actual capitán del Barça, han sido la demostración de que la élite del fútbol mundial estaba en la Liga, el torneo que para muchos es el más espectacular del planeta. 

La posibilidad de fichar a estrellas procedentes del extranjero tras las ventajas traídas por la ley Beckham del 2003 y el gran atractivo de estadios como el Santiago Bernabéu, el Camp Nou y el ya difunto Vicente Calderón, han sido las principales motivaciones del crecimiento de la liga española en los últimos años. Nos es una casualidad que del 2014 al 2018 en la Champions League se ha terminado coronándose siempre un equipo de la Liga Santander (4 veces el Real Madrid y 1 el Fc Barcelona). Esta tendencia positiva está reflejada tanto en los títulos como sobre todo en los datos más relevantes de la competición recopilados por Bwin en la infografía “¿Cuál es la mejor Liga de Europa?”.

Los equipos que proceden de la Liga pueden jactar de los mejores promedios en varios apartados. El primero es sin duda el de partidos ganados, es decir 420 sobre 808, algo que supone que más de la mitad de los choques de Liga de Campeones y Champions League han visto a conjuntos de la Liga triunfar. Se trata de una estadística muy elocuente, en la que hay que recordar que no solamente Barça y Madrid, los mejores equipos del torneo español, compiten en Europa, lo que reduce sensiblemente el promedio debido a algunos que otros equipos que no cuajaron grandes actuaciones en sus participaciones pasadas, como por ejemplo pasó con el Villarreal o el Betis.

Otro dato impactante es sin duda el de los goles marcados en total por los equipos de la Liga: 1408 hasta ahora, es decir el número más alto de toda la competición, algo que refleja también la manera de vivir el fútbol en España, es decir totalmente al ataque. Es lógico que también el hecho de que el Madrid pudo disponer de Ronaldo, el máximo goleador de siempre de la Champions, y el Barça pudo echar mano de Messi hayan influenciado esta estadística. 

El gran dominio de la Liga en la Champions, en parte roto por la victoria del Liverpool en la temporada pasada, se refleja también en los 35 partidos más jugados con respecto a los equipos ingleses, los únicos que tratan de seguir a remolque el rendimiento de los de la Liga. Este año Barça y Madrid volverán a pujar por el título, con el fin de mejor las estadísticas ya mencionadas, pero sobre todo de volver a ejercer un dominio en la principal competición del fútbol europeo.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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