Sucesos
El drama de los niños muertos en Godella: «No tenían ni para comer»
La amiga más cercana de María, la mujer detenida por, presuntamente, matar a sus hijos de tres años y medio y una bebé de cinco meses este jueves en Godella (Valencia), recibió en su móvil llamadas de la madre de los pequeños, de la Policía y de la Guardia Civil para advertirle de la desaparición de estos.
«Son mis sobrinos. No de sangre. Pero los he criado yo», indica consternada esta joven tras el minuto de silencio que el Ayuntamiento de Rocafort (donde el mayor de los niños acudía al colegio) ha realizado este viernes en respeto a las víctimas. Julia no es capaz de explicar lo ocurrido. No le salen las palabras, no entiende nada. Solo recuerda lo abrumada que se sintió la noche de ayer, cuando todo el pueblo se volcó en la búsqueda de los pequeños.
Este viernes es un día difícil para los vecinos de Rocafort, que todavía asimilan la noticia que sacudió ayer a las dos localidades. La familia era «conocida por todo el pueblo», pero muchos no sabían las condiciones en las que vivían hasta que vieron las imágenes de la casa (que habían okupado) en la que sobrevivía la familia. «Dormían en el suelo y no tenían ni para comer, de eso me he enterado ahora mismo», ha explicado a este diario otra vecina que acudía a la Casa de la Cultura de Rocafort y que, indica, se tomó un café una vez con la pareja.
Los vecinos conocen los problemas mentales y con las drogas que tienen María y Gabriel Salvador. Entre los corrillos se hablaba este viernes de que ella tuvo un brote psicótico hace unas dos semanas, o de que días antes de la tragedia estuvo cavando los hoyos donde después enterraría a los niños.
Víctor Jiménez, alcalde de Rocafort, ha trasladado el pésame a los amigos, familia y personal del Colegio San Sebastián y ha agradecido a los Bomberos, agentes de la Guardia Civil y de la Policía el arduo trabajo de la tarde y noche del jueves en la búsqueda de los menores. «La muerte sigue siendo una incógnita», ha señalado Jiménez, que ha decretado tres días de luto. Las banderas ondean este viernes a media asta en el Ayuntamiento de Rocafort, que ha acogido a cerca de un centenar de vecinos consternados. Entre ellos, niños que comentaban en grupo cómo se habían enterado de la noticia en el telediario de la noche.
«Enseguida pensé que estaban muertos»
Marta, una de las alumnas del Colegio San Sebastián, veía cada día traer al padre, de nacionalidad belga, a su hijo al colegio. No sospechaba nada raro porque, asegura, su aspecto parecía «normal». Sin embargo, admite que, cuando se enteró de la desaparición enseguida pensó que «estaban muertos». «Un bebé tan pequeño no sabe caminar… me pareció muy raro».
El primer edil ha añadido que sobre la familia no constaba ningún expediente del área de Servicios Sociales de Rocafort, ya que la pareja no estaba empadronada allí –solo el niño de tres años, que sí lo estaba debido a su escolarización–, como tampoco había ninguna solicitud de ayuda, a pesar de la situación de abandono en la que malvivían los cuatro.
El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 4 de Paterna, en funciones de guardia, ha asumido la investigación por la muerte de los dos menores en Godella y ha decretado el secreto de las actuaciones. La causa queda abierta por dos delitos de homicidio, según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV).
Los padres, que permanecen detenidos tras revelar María dónde estaban los cadáveres y Gabriel tras permanecer durante la jornada del jueves investigado e interrogado policialmente, pasarán a disposición judicial este sábado.
Mientras, la madre de los dos menores hallados muertos en Godella y sospechosa de este crimen ha sido trasladada a un centro hospitalario para que se determine, por parte de especialistas, si está en condiciones mentales de prestar declaración, según han informado a EFE fuentes de la investigación.
Tanto la madre como el padre de los niños, uno de tres años y medio y su hermana de cinco meses, han sido detenidos como sospechosos de un delito de homicidio y previsiblemente serán puestos mañana a disposición del Juzgado de Instrucción número 4 de Paterna, que ha decretado el secreto de las actuaciones.
El objeto del análisis psicológico al que será sometida la madre servirá para determinar si se encuentra en condiciones mentales de prestar declaración, sin perjuicio de que en un futuro y en caso de que se solicite por la autoridad judicial, pueda ser sometida a nuevas pruebas, por parte de médicos forenses, con el fin de valorar su imputabilidad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
