España
El empleado de la factoría automoción
Argimiro Gómez.- «Yo vivo como un rey, a mi no me falta nada». Como un loro me repitió un empleado en los años 80 de una factoría de automoviles. Y era cierto, durante la segunda mitad del siglo pasado, occidente, popularizó unas condiciones de vida, que ya hubieran deseado muchos reyes de la antiguedad… Era la primera en la historia en que el hombre podía vivir libre de hambre, del frío, de la guerra y de las enfermedades, el desarrollo humano ha sido sin precedente.
Pero a este desarrollo tecnológico no le acompañó un desarrollo moral y humano… sino un retroceso moral; la decadencia moral ha sido también sin precedentes, así en esta sociedad, los jóvenes, incluso los de nuestro lado, están más interesados en pasar el fin de semana con una chica en la sierra que en labores relacionadas con el bien común, carentes de la sana ideología cristiana que guiaba la sociedad en la que fuimos educados. El hedonismo anestesia a nuestra sociedad, cuyo único objetivo en la vida es la búsqueda de los placeres. Hasta tal punto nuestra sociedad está anestesiada que no es consciente de los graves peligros que se ciernen sobres nosotros. Una sociedad así, desinformada, sin guía moral es fácilmente manipulable. El plan de los poderes supranacionales está apunto de completarse, llevan décadas diseñando el plan, cuya fase final esta en pleno desarrollo, y es la destrucción del fenomenal desarrollo humano conseguido por Occidente. Una de las armas es poniendo gobiernos títeres carentes de de principios morales, cuya pésima gestión está endeudando a los estados, hasta limites sin retorno, haciendo así a los ciudadanos esclavos a un sistema financiero supranacional.
Estos poderes supranacionales, simbolizados en el libro del Apocalipsis por la bestia de siete cabeza (sionismo, Masonería, Jesuitas,ONU…) está pomoviendo un éxodo del continente africano hacia Occidente, que en pocas décadas será irreversible y con consecuencias desastrosas para la raza blanca. Occidente no tiene capacidad de acoger 200 millones de africanos sin poner seriamente en peligro nuestra seguridad, prosperidad, salud… Nuestro desarrollo, la vida ya no seria igual…hasta el punto de la extinción de la raza blanca… el empleado de la fábrica de automoviles, ya no vivirá libre del hambre, del frío, de la guerra y de las enfermedades.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
