Internacional
El éxodo venezolano, filón para las mafias de tráfico humano
«¡Rescatadas!». Así comenzaba la semana pasada la información de un medio peruano sobre la redada policial que había permitido liberar a dieciocho mujeres venezolanas y una peruana de una presunta organización de tráfico de mujeres. Todas ellas se encontraban en un local, conocido como «Al Fondo Hay Sitio», ubicado en el balneario de Zorritos de Tumbes, localidad situada junto a la frontera con Ecuador, a la que en las últimas semanas han llegado miles de venezolanos huyendo de la crisis política y humanitaria que sufre su país. Según el medio peruano, «las mujeres rescatadas cayeron en manos de una presunta mafia y se convirtieron en víctimas de trata de personas con fines de explotación laboral y sexual».
Por desgracia, este no es un caso aislado, ni Perú el único país donde se producen este tipo de casos -en julio fueron detenidas dieciocho personas en la ciudada colombiana de Cartagena acusadas de reclutar y vender a 250 mujeres y adolescentes para su explotación sexual-. El éxodo masivo de ciudadanos venezolanos de los últimos años -1,6 millones abandonaron el país en los últimos dos años- huyendo de la miseria económica les ha empujado a caer en la más vil miseria humana.
Así lo han denunciado varias organizaciones en las últimas semanas, como el think tank Fundación Ideas para la Paz (FIP) de Colombia, que en su último informe, publicado este miércoles, se refiere a la vulnerabilidad en la que se encuentran las poblaciones que habitan en las fronteras, donde existen múltiples economías ilegales «que van más allá del narcotráfico, como la minería ilegal, el tráfico de gasolina, el contrabajando, la trata de personas, la explotación sexual y el tráfico de inmigrantes».
En un país, Colombia, donde está muy reciente la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC y en la actualidad se está en conversaciones con el ELN, y donde aún quedan grupos armados disidentes, el informe alerta sobre el riesgo al que se enfrentan los inmigrantes venezolanos de «ser reclutados» por estos grupos y de su incorporación «como mano de obra de diferentes economías ilegales». También avisa sobre el mayor riesgo para las mujeres venezolanas de ser víctimas «de explotación sexual y de feminicidios», como consecuencia de «su vinculación al trabajo sexual y economías ilegales».
Poco control
«En las zonas fronterizas, el estado colombiano tiene muy poco control», declaró Juan Carlos Garzón, presidente de FIP, a Reuters. «Para los emigrantes venezolanos la situación es muy complicada porque se enfrentan a grupos ilegales que se aprovechan de su vulnerabilidad. Hemos escuchado testimonios sobre explotación sexual y tráfico de mujeres». Por su parte, Omar Ochoa, un alto cargo de la localidad de Bucaramanga, en el norte de Colombia, expresó su preocupación ante los casos de prostitución y explotación sexual de niñas que han viajado a pie 200 kilómetros desde la frontera.
El documento realizado por la FIP corrobora una tendencia que ya denunció el mes pasado el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género de la Secretaria de la Mujer de Bogotá.
Según un estudio realizado por este organismo, y del que se hizo eco el semanario «El Tiempo», el 35,7% de las mujeres que ejercen la prostitución en esa ciudad son extranjeras, de las que el 99,8% son de origen venezolano. Durante las encuestas, las venezolanas comentaron a los investigadores que ejercían la prostitución ante la falta de otras salidas, a pesar de que el 33,1% de las consultadas tiene una educación universitaria. A esto se suma que la mayoría de ellas (el 84,5%) tienen familias que dependen de estos ingresos.
Las ONG reconocen una triste realidad: las falsas promesas. «Muchas madres están preocupadas de que sus hijas acepten ofertas de trabajo y sean atrapadas en la prostitución», asegura Marion Prats, de la ONG Tierra de Hombres.
A la explotación sexual se suma la laboral, que sufren miles de menores venezolanos obligados, entre otras cosas, «a mendigar en las calles o semáforos de ciudades colombianas o a realizar trabajos domésticos». La Agencia para la protección de la Infancia identificó a 350 menores venezolanos víctimas del trabajo infantil en Colombia entre marzo y junio de este año.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
