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El extraño caso de Oscar Bermán: de condenar el homosexualismo a besarse en la boca con un reportero de La Sexta en una entrevista para «El Intermedio»

Sí, si ya sabemos que un político en campaña electoral es un artefacto parecido a la rana toro americana, animal que se aparea con todo lo que se mueve.
No estamos sugiriendo que el político haga *exactamente* lo mismo, pero desde luego un político suelto sin bozal por la calle es cierto que sonríe y besa a todo lo que se le ponga por delante.
Y además se hará un selfie.
Pues parece ser que Oscar Bermán es de ese tipo de políticos: si está en campaña, es un tipo agradable y dicharachero, pero si se le pilla cumpliendo alguna obligación, ya no lo es tanto.
El caso que nos ocupa hoy podría tratarse de un misterio típico de «Jueves Santo», pues fue ayer cuando acontecieron los hechos… pero no queremos dar más importancia de la que tiene a un hecho aislado, seguramente sin intención, y que realmente ya ha sido perdonado y disculpado. Faltaría más.
Se lo resumiremos para su solaz y su divertimento, amigos lectores: hete aquí que ayer nuestra reportera y corresponsal en Cataluña (esa región española, allende Aragón, para los de la LOGSE) acometió el viaje hasta Palafols, localidad del Maresme dónde se celebra una bella procesión jalonada con el desfile de los Caballeros Legionarios Veteranos, que marchan por sus calles emocionando y creando inaudita expectación entre propios y extraños, que acuden -cada año aumenta la proporción- de todas partes de España para contemplar el bello espectáculo de La Legión española desfilando con el Cristo de la Buena Muerte. Para, por otra parte, cabreo numantino del regidor municipal, que entre bramidos y crujir de dientes intenta -todos los años sin éxito- hacer desaparecer tamaño desafío a la laicidad del postureo nacional del socialismo.
Pues en plena misión de reportaje y fotografía se encontraba nuestra brava compañera cuando apareció el mencionado Oscar Bermán, regidor no adscrito del municipio en cuestión y al que nuestra corresponsal se acercó para solicitarle amablemente unas palabras para ALERTA NACIONAL, medio que conoce y que le ha publicado algunos textos de su puño y letra.
Pues, en ese crucial momento, el bueno de Don Bermán despachó a nuestra compañera con un «NO!» rotundo, desabrido, maleducado y altisonante que condujo al silencio helado de los que rodeaban al inefable político y a la rubia periodista.
Queremos pensar que el señor Bermán sabía de sobra que, a diferencia de los alegres y fornidos muchachos reporteros de «El Intermedio» nuestra compañera no terminaría abrazándole y besándole apasionadamente como podrán ver más adelante en el vídeo que hemos rescatado de las hemerotecas. Pero claro, estamos en clara desventaja: Carlota Sales, corresponsal de ALERTA NACIONAL en Cataluña, a diferencia de la grandísima mayoría de los políticos… tiene principios y no se besa con cualquiera. Por más moreno que sea. Que lo es… y mucho.
Principios que no le negamos -e incluso como en la mili con el valor, «se los suponemos»- a Oscar Bermán, muy a pesar de haber sido expulsado del Partido Popular, no haber devuelto su acta de concejal y terminar fundando un partido político a imagen y semejanza de… pero eso, queridos lectores, es otra historia. Ya se la contaremos.
Simplemente hemos querido trazar un ameno perfil de una anécdota que, como muchas otras, suelen reflejar un fondo de sabiduría y de información muy útil para conocer los entresijos del ser humano.
Que Dios les guarde en estos días de recogimiento.
Y aquí tienen el vídeo. Lo prometido es deuda.
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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.
Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.
Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.
También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.
A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.
Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.
Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.
¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?
Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.
Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…
Por Diego Fusaro






