Internacional
El francesín gerontofílico lo deja clarísimo: Macron parafrasea el plan de la élite globalista: «Necesitamos un único orden mundial»
Es un rasgo común de nuestro tiempo que exactamente el mismo planteamiento sea una ridícula y aun peligrosa teoría de la conspiración si lo adelantamos nosotros y un fenómeno necesario y razonable si los exponen ellos: la élite globalista. Así, no es extraño encontrar en páginas alternas de, digamos, The New York Times, un artículo lamentando que los deplorables crean en una absurda teoría denominada «la Gran Sustitución», y otro, dos páginas adelante, en la que celebran esa misma sustitución con cifras incontrovertibles en nombre de la multiculturalidad.
Y hoy es el banquero devenido presidente francés, Emmanuel Macron, quien ha pronunciado palabras que, en nuestras denuncias, serían un disparate conspiranoico: «Necesitamos un único orden mundial».
Ha sido en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), que se celebra en Bangkok. Lo ha hecho introduciendo una lírica metáfora: «Estamos en una jungla y tenemos dos elefantes grandes que intentan irritarse mutuamente cada vez más», afirmó. «Si se irritan mucho y empiezan una guerra, será un gran problema para el resto de la selva. Necesitas la cooperación de muchos otros animales, tigres, monos, etc», agregó Macron. Y concluyó: «Necesitamos un orden mundial único» para superar lo que «parecen» ser dos órdenes enfrentados, los encabezados por China y Estados Unidos.
¿No era una «fake news» eso del «Nuevo Orden Mundial»? ¿Dónde está Newtroll y todos los verificadores que tanta molestia se ha tomado Soros en financiar?
Evidentemente, ninguno de ellos va a denunciarlo. Otra cosa es el maldito algoritmo, que lo carga el diablo y que va por libre ocasionando, a veces, situaciones cómicas, como la que se ha dado en este caso. Sucedió en YouTube, propiedad de Google, que «verificó» un video publicado por «La Cumbre de Gobierno Mundial (¿o del Gobierno Mundial) 2022».
En el vídeo, el presentador de un panel de discusión pregunta al Dr. Anwar bin Mohammed Gargash, asesor diplomático del presidente de los EAU: «¿Estamos listos para un nuevo orden mundial?». Debajo del video hay una casilla de verificación sobre el «Nuevo Orden Mundial» que enlaza con un artículo de Wikipedia que dice: «El Nuevo Orden Mundial (NWO) es una teoría de conspiración que plantea la hipótesis de un gobierno mundial totalitario emergente en secreto».
El artículo de marras se dedica laboriosamente a desmontar la idea de que existe un movimiento hacia un «Nuevo Orden Mundial». Y aquí tenemos a los panelistas en la Cumbre del Gobierno Mundial debatiendo tranquilamente eso mismo que supuestamente no existe. Como diría Walter Scott en el Marmion, «¡Oh! ¡Qué enredada tela tejemos / cuando por primera vez practicamos el engaño!».
Carlos Esteban
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
