España
El Gobierno ayudará económicamente a Marruecos en la lucha contra el Covid-19 a costa de las cuotas que se obliga a pagar a los arruinados autónomos españoles
Ahora ya sabemos el por qué del afán recaudatorio del Gobierno socialcomunista a costa de las pymes y los autónomos. Pese a carecer de ingresos por el confinamiento, el Gobierno ha rechazado eximir a pymes y autónomos del pago de las cuotas del mes de abril.
Ni siquiera que se rebajara el mínimo del 75% para poder declarar el cese de actividad y que se diera luz verde a la moratoria de los alquileres profesionales. El Ejecutivo necesita fondos para asegurar la sopa boba a toda esa legión de vagos y parásitos que conforman su base electoral. El Ejecutivo también necesita fondos para adobar con dinero público a las televisiones privadas dedicadas a blanquear la negligente gestión de Sánchez e Iglesias. Y por si fuera poco, ahora también hemos sabido que España ayudará económicamente a Marruecos en la lucha contra el coronavirus. [SIGUE MÁS ABAJO]
Cuando se pone de manifiesto por todos los profesionales sanitarios la falta de medios en España para hacer frente al virus chino, destinar nuestros menguados recursos a países tan corruptos como Marruecos, constituye un nuevo acto de negligencia criminal por parte del Gobierno.
La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, ha anunciado que España ayudará a Marruecos, así como a otros países del norte de África y “de la vecindad sur de la Unión Europea”, en la lucha contra la pandemia del coronavirus.
González Laya ha detallado que se trata de un “paquete de ayudas que estamos trabajando con la Comisión Europea para asegurar que nuestros socios de la vecindad sur puedan tener los fondos comunitarios, destinados a acompañarles en la lucha contra la pandemia”. En concreto, la ministra del Gobierno de España ha explicado que estos países son Marruecos, Túnez. Argelia, Egipto, Libia, Jordania, Líbano y Palestina. [SIGUE MÁS ABAJO]
“Es un compromiso que España como socio privilegiado de la vecindad sur de Europa”, ha añadido Arancha González Laya, que ha catalogado de “una gran importancia” esta ayuda, también explicando que “he estado en contacto con todos mis homólogos y el comisario europeo para asegurarnos de que este paquete se pone en marcha”. No se ha detallado la cantidad del mismo.
De esta forma, España, que actualmente (a fecha de este jueves por la mañana) tiene más de 56.000 casos (concretamente 56.188), con un total de 4.089 muertes, ayudará a Marruecos a luchar contra el coronavirus. El país vecino tiene actualmente tan solo 270 casos registrados, de los cuales 50 nuevos se han conocido este jueves. En Marruecos el número de fallecidos es de 10, después de que se hayan cuatro nuevas muertes, dos en Marrakech, una en Rabat y otra en Casablanca.
En cuanto a la distribución geográfica, la región de Casablanca-Settat registró 87 casos, Fez- Mequínez 51 casos, Rabat-Salé-Kénitra 50 y Marrakech 43. Los casos restantes se reparten entre las demás regiones, con la excepción de Laayun-Sakia-Hamra y Dajla-Ued Eddahab, que hasta ahora no han registrado ningún caso.
Respecto al seguimiento de las personas, Hind Ezzine, jefa del servicio de enfermedades epidémicas en el Ministerio de Sanidad de Marruecos, indicó que 2.341 personas siguen bajo vigilancia médica y que otras 669 personas han completado el período de control de 14 días.
Por su parte, 931 casos han quedado excluidos tras dar negativo y son ocho el número de personas declaradas curadas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
