España
El gobierno Comunista Español, con el apoyo del Mundialismo, nos arrastra a todos a la desobediencia civil: estamos siendo ¡ENGAÑADOS!
Cada vez más, médicos y científicos de Europa y de Estados Unidos están cuestionándose la eficacia de este incalificable «arresto domiciliario» que se nos ha impuesto por parte de la canalla roja que nos malgobierna.
Lo que, en principio, eran comentarios en privado, ahora ya son declaraciones públicas que cuestionan y desafían la conveniencia de la «cuarentena», y, aun más, denuncian que este aislamiento va a debilitar y a dañar irremediablemente el sistema inmunitario de todos los «recluidos», por una mera falta de uso.
Este gobierno comunista, que tan alegremente aprueba medidas ILEGALES, que se salta la ley, que pasa por encima de legislación, tribunales, instituciones, opinión pública y órganos de información, está aplicando de forma ILEGAL, y torticera unas restricciones a la libertad personal que solo podría poner en práctica si se hubiera declarado el estado de EXCEPCIÓN o el estado de SITIO, formas legales que requieren de una serie de pasos y de votaciones en el Congreso de los Diputados que el Gobierno sabe de sobra que no estaba en condiciones de aprobar y conseguir.
¿Y que hace este Gobierno cuando legalmente no puede realizar una acción determinada? Fácil y sencillo: saltarse la Ley y realizar la misma acción de forma ILEGAL.
Pero esto no es solamente culpa del Gobierno Rojo de PSOE y PODEMOS; ese partido que ha puesto en práctica el mamporrerismo parlamentario, que está sirviendo de excusa al PSOE para, insisto, quebrantar la ley, y que no es otro que el Partido Popular, ese PP traicionero, falsario, débil, inane, abotargado en sus reacciones y totalmente emasculado de su ideología está siendo herramienta principal en que el Gobierno nos haya arrestado a todos en nuestros domicilios y nos veamos obligados a explicar a cualquier agente de la ley porqué vamos a determinado centro comercial a comprar pudiendo ir a otro que está a 18 centímetros más cercano a tu casa. O bien que la ilegalidad manifiesta de la canalla roja te obligue a mostrar la factura de compra a un agente municipal para demostrar de forma efectiva que has comprado los pañales para el abuelo.
¿PERO QUE ES ESTO?
¿Y ahora tendremos que cumplir un horario determinado? ¿Los perros pasean con libertad a cualquier hora pero mis hijos no pueden? ¿Estamos locos o es que nos han extirpado las pelotas, la sangre y el orgullo?
¡VERGÜENZA! Vergüenza de ser español cuando mis conciudadanos bailan, cantan y festejan como cretinos e imbéciles la muerte de más de 30 mil españoles, la mayor parte de ellos débiles ancianos aparcados en residencias porque este vergonzoso estado ya se encargó hace años de reventar las familias tradicionales dónde debían ser cuidados esos mismos ancianos.
Venga, sea valiente: Explique exactamente porqué va a aplaudir hoy, mañana y pasado a las 20:00 horas. Díganos: ¿Que le hace tan feliz? ¿Los muertos? ¿La ruina económica? ¿O quizá celebra usted que le estén usando exactamente y de la misma manera que Marlon Brando usó mantequilla en aquella escena famosa de «El Último Tango en París». Pues sepa usted caballero, o señora, que están cumpliendo magníficamente el papel de la mantequilla.
Ahora, si se atreven, vean este vídeo, y observen cómo un médico especialista -intensivista- del Estado de California hunde con argumentos toda la monserga deyectada por el Gobierno Español y sus inefables representantes:
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
