España
El Gobierno habría firmado un acuerdo de 17,1 millones con la empresa catalana Inter Pharma por la compra de los test fallidos, según El Mundo
Era una de las grandes incógnitas de las primeras semanas del estado de alarma. El Gobierno anunció una compra de casi 700.000 test de diagnóstico del coronavirus que no tenían la sensibilidad reuquerida por el ministerio. Se supo cuántos test fueron, se supo que se habían comprado a la empresa china Bioeasy Biotechnology, pero no se supo ni a cuánto ascendía el montante del contrato firmado, ni qué empresa española había actuado como intermediario entre administración española y empresa china. Ahora el periódico ‘El Mundo’ publica que el contrato firmado por el Gobierno ascendería hasta los 17,1 millones de euros y el nombre de la empresa sería el de la catalana Inter Pharma. [SIGUE MÁS ABAJO]
El Gobierno reclama casi 7 millones de euros
«El contrato contempla la adquisición concreta de 659.000 unidades de test de diagnósticos para el Covid-19 por un importe parcial de 6 millones más IVA que correspondía al 35% del importe total comprometido», asegura ‘El Mundo’. De esta forma, el ejecutivo de Sánchez ya habría abonado casi 7 millones de euros a la empresa Inter Pharma que ya ha reclamado.
El contrato al que habría tenido acceso el citado diario asegura que «en cuanto al número de test necesarios, por experiencias con otros países que están en situaciones similares a la española, más la información recabada en los centros sanitarios españoles, podría ser necesario hacer unas 8.000-10.000 determinaciones diarias en los próximos dos meses, lo que ofrece una estimación total de test diagnósticos de 500.000-700.000». [SIGUE MÁS ABAJO]
Queda patente como las previsiones de test a efectuar cada día por el Gobierno pasaría por realizar entre «8.000-10.000» diarios. Finalmente, y a pesar d e no ofrecer datos concretos, se ha asegurado desde el ministerio que se estaban realizando 20.000 diarios, para pasar a anunciar esta última semana a que se podrían haber hecho unos 100.000 diarios.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
