España
(VIDEO ESCANDALOSO) Españoles, El Gobierno comunista nos roba: ¿Porqué nos ROBA el Gobierno?
Efectivamente, debemos hacernos esas dos preguntas.
Preguntas que parten de hechos ciertos, comprobados y totalmente irrebatibles: nos roban y nos engañan. Y por eliminación, solo puede ser el Gobierno. A menos, claro, que como dijo el otro día la Ministra Marlaska, todo haya sido un «lapsus».
Pero seamos correctos: digamos que los miembros del Gobierno, con su Presidente Sánchez y su Jorobado Asistente detrás, solamente son presuntos. Palabra esta, «presunto», que nos sirve para definir a los miembros del Gobierno tanto en español como en portugués. Y si no saben porqué lo digo… búsquenlo en Google. [SIGUE MÁS ABAJO]
Vamos a ver. El día 2 de Abril, hace algo más de 20 días, nos enteramos que el Gobierno accede a las fábricas de hidrogeles y confisca -expropia- todo el género y la materia prima. El «exprópiese» del Mandril del Orinoco, pero a nivel manchego: llegan las autoridades (In)competentes con la Guardia Civil (¿Quizá el inefable y deshonrado General Santiago?) y precintan las instalaciones de las fábricas de hidrogeles. Y no solo eso, sino que, sin pagar un maldito euro a sus propietarios, confiscan y se llevan la glicerina y el alcohol. Porque sí. Porque ellos lo valen. O ellas. [SIGUE MÁS ABAJO]
¿Escandaloso? No señores. LO SIGUIENTE. El Estado expropia el alcohol y la glicerina. Dos materias primas que darían para muchos chistes, pero que no tiene ninguna gracia. Un Gobierno EXPROPIANDO PROPIEDAD PRIVADA, en un país europeo, en el siglo XXI.
Y, mientras tanto, la Guardia Civil olisqueando en Internet buscando bulos y cositas feas que pongan a caer de un burro al Gobierno Rojo.
¿Consecuencias? Hoy en España es puñeteramente imposible encontrar gel desinfectante hidroalcohólico que cueste menos que una botella de G’vine. O de Protos Gran Reserva. Por no hablar de las puñeteras mascarillas, que ni quirúrgicas, ni FPP2, FPP3, ni Fppleches. Se las hace usted con las bermudas de su ahijado. Si sabe coser.
Pero esperen, que seguro que ahora llegan los «fact-chequers», los «verificadores», la Policía del Pensamiento, el General Santiago, Ana Pastor, sus muletillas y todos sus mamporreros berreando que estamos esparciendo bulos; que la escasez es a nivel europeo; que en ningún país hay gel hidroalcohólico o mascarillas… y que estamos vertiendo «guano» sobre el Gobierno para ensuciar su impoluta labor.
Bien, pues vean este vídeo, y luego que no se queje la tropilla de palmeros gubernamentales de que les piten los oídos a toda su parentela. O de que, como ha dicho Corcuera, nos extrañemos de que todavía no hayamos expulsado a esta piara de gentuza a bofetadas del Territorio Nacional.
Les dejamos con el vídeo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
