España
El Gobierno tenía constancia un día antes del aquelarre feminista del 8 de marzo del desbordamiento de la epidemia en España
El Departamento de Seguridad Nacional lanzó varias alertas el día 7 de marzo, a escasas 24 horas de la manifestación del 8-M, de que la covid-19 en España podía tener una gran incidencia en nuestro país. Según publica El Mundo en exclusiva, esta información la conocían todos los miembros del Gabinete de Pedro Sánchez a las 08 de la mañana del día 7.
En la primera alerta lanzada por Seguridad Nacional se advertía de que en las próximas horas el número de fallecidos en España podía incrementar considerablemente, y pusieron el foco en la capital, donde pasadas 24 horas centenares de personas se movilizaron por las principales calles de la capital en la marcha feminista del 8-M.
Más de una alerta
La segunda alerta que se lanzó por parte de este mismo departamento advertía a todos los ministros, vicepresidentes y al propio presidente de que la incidencia de la covid-19 en España «en las últimas horas» había sido «mayor de lo habitual». Según describe el periódico este martes, esta frase estaba subrayada, alertando del peligro que esa incidencia podía tener para la seguridad del país.
En concreto, DSN alertó del incremento de los casos en Madrid. «Los casos se concretan fundamentalmente en la Comunidad Autónoma de Madrid», advertía el departamento dependiente de Presidencia del Gobierno, y en un último aviso Seguridad Nacional alertaba de la escasez de material sanitario que había en nuestro país. «El Consejo General de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores (EPSCO) hace hincapié en la necesidad de que se cuente con los equipos necesarios», resaltaba la alerta.
Esta misma petición, a la que el Gobierno desatendió en todo momento, la había lanzado previamente la Organización Mundial de la Salud. El mismo 8 de marzo el departamento de Seguridad Nacional volvió a insistir en que la incidencia de la covid-19 en Madrid era grande y así se les hizo saber a todos los miembros del Ejecutivo, que no atendieron las alertas lanzadas por este departamento, ya que ese mismo día en Madrid había dos grandes movilizaciones, una de ellas el 8 de marzo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
