España
El Supremo estudiará si investiga a Iglesias por 3 delitos que podrían ascender hasta los 9 años de prisión
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se habían conjurado para que nada empañara la presentación del plan de reconstrucción. Pero el relato quedó truncado con la decisión del juez de la Audiencia Nacional, Manuel García-Castellón, de remitir el caso Dina al Tribunal Supremo para que investigue la actuación del vicepresidente. La resolución del juez sostiene que Iglesias pudo maniobrar con el robo de la tarjeta del móvil de su colaboradora, Dina Bousselham, para sacar un rédito político. Lo que tiene ahora sobre la mesa el Supremo son 63 folios en las que el juez sostiene que el vicepresidente pudo incurrir en tres delitos: descubrimiento y revelación de secretos, daños informáticos, y denuncia falsa o simulación de delito, castigados con hasta 9 años de prisión.
Iglesias no replicó la resolución pero sí alertó que “algunos poderes profundos” quieren devolver a España “al pasado”. Y se aferró a su misión como vicepresidente: el Gobierno de coalición seguirá con su “tarea histórica”. Iglesias cuenta con el apoyo explícito del presidente Pedro Sánchez que aseguró no estar preocupado por el envite judicial. De hecho, en una conversación informal con periodistas en su viaje a Argelia, ya avisó que la actuación judicial no romperá el Gobierno de coalición. Sánchez que tuvo tiempo de conversar con Iglesias antes de viajar, respondía así al PP, que saltó como un resorte pidiendo el cese de Iglesias.
La instrucción del caso Dina ha sido un cúmulo de problemas para Iglesias. El magistrado intentó apartar al vicepresidente de su condición inicial de perjudicado en la causa que se investigaba al excomisario José Manuel Villarejo como principal sospechoso de haber filtrado a un medio de comunicación el contenido de un chat interno de Podemos procedente de la tarjeta de móvil robada a Bousselham. Iglesias había denunciado una maniobra de las cloacas del Estado, auspiciada por el gobierno del PP para perjudicarle políticamente, pero el juez sospechaba de Iglesias. Fue la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional quien obligó al juez García-Castellón a mantener al líder de Podemos como perjudicado.
Tres semanas después, el juez ha decidido señalar directamente al vicepresidente y dejarlo en manos del Supremo al estar aforado como miembro del Gobierno. En su resolución, el magistrado sostiene que el líder de Unidas Podemos quiso unir deliberadamente el robo del teléfono de su asesora con la publicación meses después de mensajes de un chat de Podemos. “Se puede concluir que el proceso judicial se usó fraudulentamente por Iglesias para lograr algún tipo de ventaja electoral, pese a conocer el carácter falsario de las acusaciones que pretendía sostener”, recoge la resolución.
Respaldo de la Moncloa
Sánchez muestra su apoyo a Iglesias y blinda la coalición de Gobierno con Podemos
La tesis del magistrado es que el vicepresidente aprovechó el hecho de que en el registro de un inmueble de Villarejo aparecieran partes del contenido de la tarjeta de Bousselham para denunciar que fue éste, como representante de las cloacas dirigidas por el PP, quien filtró al medio de comunicación OK Diario su contenido y publicado en julio del 2016. La exasesora había denunciado meses antes el robo de su teléfono pero hasta la publicación de su contenido se pensó que había sido un hurto típico.
El juez no cree que fuera Villarejo quien diera ese material a Ok Diario , a pesar de que en la causa constan múltiples contactos entre ambos. Al contrario, mantiene que fue la exasesora quien envió esos mensajes a otras personas y que acabaron en manos de este medio. Para el instructor, la prueba es que en su teléfono constaban capturas de pantalla de los mensajes que después fueron publicados. García-Castellón basa su afirmación en las revelaciones del exabogado de Podemos José Manuel Calvente, quien sostuvo en su declaración como testigo que poco después de publicarse aquellos mensajes, en el servicio jurídico de Podemos ya se sabía de Bousselham había hecho pantallazos de aquel chat y los había enviado a terceras personas, extremo que ella niega.
Pese a todo, según el exabogado, la cúpula de Podemos decidió denunciar los hechos como una operación del gobierno del PP. “Es sobre la base de estas premisas cuando se entiende la consciente y planificada actuación falsaria desplegada por Iglesias con su personación (como perjudicado en la causa), fingiendo ante la opinión pública, y ante su electorado, haber sido víctima de un hecho que sabía inexistente, pocas semanas antes de unas elecciones generales”, en el 2016.
Además, el juez considera que Iglesias ha podido cometer un delito de descubrimiento por quedarse con la tarjeta de su exasesora durante varios meses, después de que el presidente de un medio de comunicación, se la hiciera llegar y no se la entregara de manera inmediata a su dueña. El delito de daños informáticos lo sostiene en base a que al devolver la tarjeta a Bousselham, ésta no funcionaba.
La exposición del juez
“Iglesias fingió ante la opinión pública, y ante su electorado, haber sido víctima” del PP
Las tesis del juez dejaron a Podemos “atónito”. El portavoz parlamentario, Pablo Echenique, señaló que García-Castellón actúa sin “pruebas materiales, reabriendo asuntos cerrados y saltándose a la Audiencia Nacional y la Fiscalía”. Y añadió, “no quiero pensar que esto tiene que ver con que queramos reformar la ley del Poder Judicial”. Los ministros de Trabajo y Consumo, pusieron la mano en el fuego por Iglesias. Garzón subrayó que “hacer frente a las fuerzas reaccionarias, las mismas que protegen y blindan a corruptos, espías y recortadores de lo público, nunca ha sido fácil”.
El PP había salido en tromba a pedir el cese de Iglesias, con Pablo Casado al frente: “Sánchez debe cesar de inmediato a su vicepresidente Iglesias”, “debe cumplir la misma vara de medir que exigía en sus moción de censura”. La reacción desde Ciudadanos fue similar. Su presidenta, Inés Arrimadas, plasmó en otro tuit la misma visión: “Si no fuera por el privilegio del aforamiento, Pablo Iglesias ya estaría imputado” y hacía una pregunta: “¿Piensa seguir escondiéndose sin dar la cara ante los españoles en el Congreso?”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
