España
El Gobierno ve «incomprensible» la cancelación del Mobile por el coronavirus mientras se mantienen otras ferias
El Gobierno ve «incomprensible» que se haya cancelado el Mobile World Congress de Barcelona por el coronavirus, mientras se mantienen otras ferias del ámbito empresarial. Así lo ha expresado la ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, que ha afirmado que además en España «no existe ningún riesgo de salud pública», mientras que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha descartado «razones de salud pública» para tomar esa medida.
«Es una dinámica que no es positiva y que atiende a otras realidades que no tienen que ver con la salud pública», ha dicho la ministra de Trabajo en RNE.
Yolanda Díaz ha reconocido que la cancelación del Mobile «no es una buena noticia» porque tiene un impacto «muy elevado» en términos económicos, pero también sociales y ha mostrado su confianza en que no se produzca «un efecto contagio» en otras ferias previstas en España.
En este sentido, la titular de Trabajo ha pedido «serenidad y tranquilidad» a los agentes económicos porque «no existe un riesgo de salud pública en España» y ha apelado al «sentido común» frente a las «agitaciones a veces interesadas en los mercados».
Illa asegura que «no hay razones de salud pública»
Por su parte, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha coincidido con la ministra de Trabajo en asegurar que no hay razones de salud pública para la cancelación del Mobile World Congress de Barcelona por el coronavirus, aunque «respeta» la decisión de los organizadores y ha señalado que si hubiera habido alguna recomendación en ese sentido hubieran tomado medidas.
Al ser preguntado en Los Desayunos de TVE por si considera que hubiera sido necesario hablar con las empresas para que no renunciaran a participar en el Mobile, Illa ha señalado que desde el principio se han dirigido «al cojunto de la ciudadanía» y han dado a todos» la información correspondiente con «un mensaje de confianza».
«Hemos intentado no minimizar la gravedad de la situación, pero tampoco generar mas alerta, creo que los mensajes que hemos dado desde el Gobierno han sido claros», ha respondido.
Además, en relación con la evolución de la epidemia, ha señalado que se encuentra en fase de estabilización en la zona cero, de acuerdo con las estadísticas que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que facilita China, pero al mismo tiempo ha llamado a «actuar con muchísima prudencia».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
