España
El CNI vigiló a Delcy Rodríguez en su encuentro con Ábalos en Barajas
El encuentro entre José Luís Ábalos —ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno de Sánchez— y la número dos de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, estuvo lejos de lo que apuntó Ábalos en sus primeras declaraciones.
Él lo describía como una iniciativa personal en el que había asistido incluso sin su coche oficial. Según los últimos informes policiales, resultó ser un verdadero despliegue policial en el que actuó el personal de seguridad diplomática del Ministerio de Exteriores y agentes de la unidad de Policía Nacional que coordina sus acciones con el CNI, junto con guardias civiles y policías que habitualmente trabajan en el aeropuerto de Madrid.
De hecho, el CNI tenía una alerta para vigilar a Delcy Rodríguez en el caso de que pisase suelo español. De esta manera, los agentes de la BOA —Brigada Operativa de Apoyo, la unidad que se encarga de la coordinación de la Policía con el órgano de inteligencia— terminaron vigilando a ella y a José Luis Ábalos durante su estancia en Barajas. Así lo ha publicado El Mundo este sábado en un reportaje tras acceder al informe policial que describe los detalles del encuentro del pasado 20 de enero.
Los detalles del encuentro con Delcy Rodríguez
A las 00:30 la Policía tuvo constancia de que había llegado en vuelo privado matrícula TC-AKE del pabellón turco procedente de Caracas (Venezuela), en el que iba la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Y junto a ella, también llegaban cinco personas del régimen de Nicolás Maduro: Kenny Antonio Díaz, Alejandra Carolina Bastidas, Yussef Abou Nassif Smaili, Jorge Andrés Jiménez y el ministro Félix Plasencia.
Entonces, los agentes del aeropuerto comprobaron en sus bases de datos que Delcy Rodríguez tenía “dos señalamientos vigentes”. El primero, “una prohibición de entrada en territorio Schengen, por Austria, con fecha en vigor de 27 de agosto de 2018 y fecha de fin de 26 de agosto de 2021”. Asimismo, “una Vigilancia Discreta, alerta de entrada y salida de España por la BOA con fecha de entrada en vigor del 19 de diciembre de 2019 y ceses el 19 de diciembre de 2020”.
Tras la llegada del vuelo, el ministro español se personó en la terminal ejecutiva junto a su asesor Koldo García y el personal de seguridad diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores. De la misma manera, el informe policial constata que Ábalos «permaneció despachando con los pasajeros —Delcy Rodríguez y los demás cargos que llegaron con ella— una hora aproximadamente».
Después, la vicepresidenta y sus acompañantes se marcharon a la sala VIP de la terminal ejecutiva de Barajas, lugar en el que les acompañó el asesor de Ábalos, Koldo García, que incluso fue el encargado de sacar las tarjetas de embarque para Rodríguez y varios pasajeros más, que posteriormente subieron en un avión que se dirigía a Doha.
Los agentes del aeropuerto y de seguridad ciudadana estuvieron vigilando los movimientos de la vicepresidenta venezolana durante su estancia en el aeropuerto “para garantizar la seguridad de los pasajeros y evitar que Delcy entrara en territorio Schengen”, según explica el documento policial. Por otro lado, en el escrito se detalla que las cámaras de Aena recogieron los momentos clave del encuentro, como el momento en que llegó el avión de Rodríguez o la comitiva de Ábalos saludándola en presencia de mandos policiales.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
