Sociedad
El hermano de la víctima de la candidata de Podemos en Ávila: «Pilar Baeza es fría y calculadora»
La candidatura a la alcaldía de Podemos para la alcaldía de Ávila ha generado un gran revuelo después de conocerse que la ganadora de las primarias, Pilar Baeza, fue condenada como cómplice de asesinato en 1985 en Madrid a 30 años de cárcel, de los que cumplió siete en la abulense cárcel de Brieva, saliendo en 1992. Con 23 años, el 8 de septiembre de 1985, Baeza ayudó al asesinato en Leganés (Madrid) de un joven que presuntamente la había violado y al que mataron su novio y un amigo, con la colaboración de ella, que prestó un arma de la armería propiedad de sus padres. El cadáver fue encontrado tres meses después en un pozo en Villanueva de Perales (Madrid).
Podemos asegura que su candidata ya ha cumplido su condena y le ha mostrado todo su apoyo. Sin embargo, el hermano del joven asesinado ha asegurado este martes en ‘Herrera en COPE’ que no entiende cómo la justicia permite que Pilar Baeza pueda presentarse a alcaldesa y que Podemos la admita también en las listas. «Quiero que la gente sepa lo que ha hecho”, ha dicho justificando su entrada en COPE.
Víctor Manuel reconoce que su familia “sigue pasándolo mal” a pesar de que han transcurrido más de 30 años desde que fuera asesinado Manuel López. El hermano de la víctima asegura que “esto ha abierto de nuevo la herida”. Él define a Pilar Baeza como “fría y calculadora». «Acusó a mi hermano de abuso sexual, pero mi hermano nunca violó a nadie, ella es una asesina fría”. Añade que “quedó demostrado que fue la autora intelectual del asesinato. Facilitó las armas a los autores del hecho”.
López confiesa que “todavía se desconocen los motivos». «No se sabe si fue por despecho o por qué. Los asesinos le engañaron para salir de casa, le dispararon y le tiraron a un pozo al que acudían asiduamente a tirar escombros encima”, ha dicho. El hermano de Manuel ha contado también que tanto Pilar como los autores materiales del asesinato “acudían a casa de mis padres a saber cómo iba la investigación».»Ella nunca se ha arrepentido de lo que pasó”, ha añadido.
Por último, Víctor Manuel ha señalado que su familia se gastó todo el dinero para limpiar la difamación. «Y ahora viene Echenique y le pone la bandera diciendo que fue violada. Mi hermano no violó a nadie, mi hermano fue asesinado”, ha dicho con rotundidad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
