Sucesos
El integrante más joven de la «manada de Alicante» agrede sexualmente a un compañero de prisión
El miembro más joven de la conocida como «manada de Callosa d’en Sarrià» o «manada de Alicante» (que permanecen en prisión desde el mes de enero acusados de la violación en grupo de una chica de diecinueve años en la localidad alicantina la pasada Nochevieja), está involucrado en un nuevo caso de agresión sexual.
En este caso, el chico, también de diecinueve años, participó, junto a otros tres reclusos, en el ataque a un preso en la cárcel alicantina de Villena. Los cuatro implicados introdujeron a otro interno un palo de madera por el ano en el transcurso de una reyerta, según ha avanzado este lunes «El Mundo» y ha podido confirmar ABC en fuentes sindicales.
Estas fuentes explican que los otros tres integrantes de la «manada de Callosa», todos ellos de origen ecuatoriano y que permanecen en la prisión de Fontcalent, no han protagonizado incidentes de relevancia y su vida entre rejas, a la espera de que se celebre el juicio, transcurre con «la normalidad de este tipo de presos», cuyas edades están comprendidas entre los veintiuno y los veinticuatro años.
Sin embargo, el cuarto miembro de la «manada» que sigue en prisión condicional en la cárcel de Villena protagonizó el pasado 12 de noviembre un grave altercado cuando, junto a otros tres presos, participó en la agresión sexual a un reo que precisó de atención médica tras haber sido atacado por vía anal en el Módulo de Educación y Respeto del centro penitenciario Alicante II.
El pasado enero, el integrante más joven de la «manada de Alicante» fue objeto de un ataque por parte de otros internos cuando no llevaba ni un mes encarcelado. Ahora, el protagonista de la agresión ha sido él.
Un «perfil bajo» en la cárcel de Fontcalent
Por el contrario, sus otros tres compañeros de «manada», acusados de la violación grupal en Nochevieja, mantiene un «perfil bajo en la la prisión de Fontcalente, de acuerdo con fuentes sindicales consultadas por este periódico, a la espera del desarrollo de la investigación que sigue el juzgado de instrucción número cuatro de Villajoyosa, que permanece bajo secreto de sumario.
Los cuatro investigados se encuentran en prisión provisional comunicada y sin fianza como presuntos autores de presuntos autores de un delito de agresión sexual, además de dos delitos de abusos sexuales y un delito contra la intimidad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
