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El Madrid es envidiado con razón: es el mejor equipo del mundo por títulos y por ingresos,751 millones de euros
Tomás González-Martín.- Es el club más importante del mundo, por más que les pese a sus enemigos, que con su envidia perenne le hacen más grande día a día. Es el número uno por títulos, una leyenda que comenzó internacionalmente en 1955 y que hoy se alimenta con cuatro nuevas Champions en el último lustro. Es el mejor del mundo por trascendencia mediática. ¿De qué hablarían las televisiones y las radios durante horas si no existiera el Real Madrid? Es su epicentro de reunión.. Y es el número uno del planeta por ingresos. El Real Madrid ingresó 751 millones de euros, 76 millones más que el pasado ejercicio y 131 millones más que la temporada 2016/17 y lidera por duodécimo año la clasificación de los clubes de fútbol con mayores ingresos del mundo, según recoge la 21ª edición del informe Football Money League, publicado por la consultora Deloitte tras analizar la información financiera correspondiente a la temporada 2017/2018. El Real Madrid vuelve a liderar la clasificación de clubes con más de 60 millones de diferencia sobre el segundo gracias, según Deloitte, “al crecimiento continuo de sus ingresos comerciales, que han aumentado 55 millones de euros por el merchandising, patrocinio, y giras de pretemporada”.
Los ingresos comerciales o de marketing deportivo alcanzaron la cifra de 356 millones de euros debido a sus múltiples acuerdos comerciales. En aforo, el Real Madrid ingresó 143 millones de euros, un 5% más que la temporada anterior, y en el capítulo de retransmisión televisiva y UEFA Champions League el club alcanzó la cifra de 251 millones de euros, un 6% más que la temporada anterior a pesar de que los ingresos recibidos por la retransmisión televisiva de la Liga española se han mantenido prácticamente estables en los últimos 3 años y de que son muy inferiores a los que reciben los clubes ingleses por el reparto de la Premier League. Deloitte señala que los 20 clubes europeos con mayor facturación han generado ingresos superiores a los 8.300 millones de euros, un 4,8% más que la temporada anterior. En este grupo se encuentran equipos de los cinco países con las Ligas más poderosas de Europa. Inglaterra es la que más representantes tiene (9), seguida por Italia (4), Alemania (3), España (3) y Francia (1).
La marca es única. El Real Madrid es también una referencia mundial en las redes sociales. A su liderazgo en fútbol con 109 millones de seguidores en Facebook se une su sección de baloncesto, la tercera del mundo con más seguidores en esta red social. Los 15,9 millones de fans que tiene la página del Real Madrid de baloncesto en Facebook convierten al equipo blanco en el tercero del mundo, solamente por detrás de Los Ángeles Lakers (21,6) y los Chicago Bulls (17,9) y el único europeo que compite con la NBA, según un estudio publicado por El Español. Quitando a esas dos franquicias, el Real Madrid está por delante de los otros 28 equipos de la NBA y supera a los Boston Celtics (9 millones), el que más títulos tiene, o Golden State Warriors (11,3), vencedor en tres de las cuatro últimas temporadas. Solo seis entidades de baloncesto en el mundo superan los diez millones. Aparte de Lakers, Bulls, Real Madrid y Warriors están Miami Heat (15,4) y Houston Rockets (10,9). En la parte baja de la clasificación, 12 franquicias de la NBA cuentan con menos de dos millones de fans en Facebook.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
