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El maridaje perverso entre las mafias libias de tráfico de personas que ganan millones de euros anuales y las ONGs

Redacción

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El buque Open Arms en el Mediterráneo

Las mafias que ganan millones de euros anuales a costa del tráfico de personas se adaptan a las circunstancias y utilizan las rutas habituales según las condiciones locales en cada país y los resultados de éxito en la llegada al destino europeo de sus víctimas. Por eso, la situación de caos en Libia y la acogida en varios países europeos de los migrantes recogidos por los buques Open Arms y Ocean Viking refuerza la eficacia de las mafias que pueden vender en el mercado sus servicios para captar nuevos clientes a los que cobrarán más.

El precio que pagan los migrantes procedentes, en su mayoría de países africanos, como Nigeria, Ghana, Senegal, Camerún, Guinea Conakry, entre otros, rondan los 4.000 euros. Depende de la época del año y el estado de la mar, en verano las aguas están más calmadas y el elevado riesgo de naufragar en las precarias embarcaciones que utilizan se reduce. También depende de los gastos que tengan que afrontar estas organizaciones criminales, es decir, la cantidad de sobornos que tengan que pagar a las personas adecuadas, demasiadas relacionadas con las autoridades locales, incluso con los guardacostas o como ocurre en Níger, con el Ejército.

Más rentable que la droga

El tráfico de seres humanos, que se ha vuelto más rentable que el propio tráfico de drogas, mueve en todo el Mediterráneo, según el último informe de la ONU publicado el año pasado, unos 7.000 millones de dólares. Solo hay que echar la cuenta: embarcaciones para 30 personas son utilizadas para 120, hacinados, de pie, y casi sin poder moverse durante horas. A 4.000 euros por cabeza, da 480.000 euros por viaje.

Se paga en dos partes: los primeros 2.000 euros por llevarlos desde su país de origen hasta los puertos de Libia y los otros 2.000 por trasladarlos a puerto europeo, en un buque nodriza mar adentro, y después en embarcaciones pequeñas que echan al mar en un punto localizado por GPS donde pueden ser recogidos por los barcos de rescate de las ONGs, de las marinas europeas cuando existía la Operación Sofía o, incluso, por mercantes, pesqueros o de recreo. Si no encuentran este tipo de barcos en la zona, realizan una llamada de socorro con un teléfono vía satélite con las coordenadas.

Los migrantes no tienen opción de reclamación, al contrario, si se frustra el viaje y son devueltos a sus países, lo vuelven a intentar cuando ellos y sus familias hayan reunido el dinero. Y varios miles ni siquiera han tenido esa oportunidad porque han perdido la vida. Sin embargo, las mafias siempre tienen candidatos disponibles empujados por la situación de pobreza, miseria y conflictos en sus países de origen. Con ese volumen de negocio, no hay ningún inconveniente en pagar los sobornos correspondientes en cada lugar. En Libia, las mafias están protegidas y consentidas por las distintas milicias armadas, entre ellas las islamistas y grupos terroristas como Daesh, que encuentran en este nefasto negocio, una de sus principales vías de financiación.

Según informes de la Policía española, Nigeria y Libia son las bases asentadas de las mafias de la inmigración, con ramificaciones en otros países, donde mercenarios sudaneses actúan sin escrúpulos. El control de las otras tres rutas: Mediterráneo occidental, occidental africana y por Turquía, Grecia y los Balcanes favorece la ruta del Mediterráneo Central por Libia más peligrosa porque en el tiempo de espera o en el tiempo que deben trabajar para reunir los 2.000 euros del segundo pago son objeto de malos tratos, vejaciones, violencia, robos, secuestros, extorsiones, violaciones o, incluso, caer en mafias que los esclavizan laboral o sexualmente, según el informe de la ONU.

Redes africanas

Las redes mafiosas del tráfico y de trata de personas, más activas y más peligrosas, en el África central son transfronterizas. Aunque cada rincón del mundo conserva sus especificidades, las mafias del tráfico humano analizadas por la ONU reflejan algunos patrones comunes. Todas ellas cuentan con agentes captadores procedentes de los principales grupos que son víctimas de la extorsión. Ejercen como captadores de clientes, chacales, y comercian con su vida y su destino. Un segundo nivel es el de las mafias locales, que conocen el terreno y generalmente tienen a sueldo a los captadores. Un paso más es el de los proveedores de servicios a pequeña escala: camiones, embarcaciones y otros medios de transporte. El nivel más peligroso es el de las grandes mafias internacionales, que controlan todo el proceso y que suman además vínculos con grandes grupos de delincuencia internacional y utilizan a los inmigrantes como una vía de ganar dinero de forma rápida y sencilla. Las infraestructuras construidas para la explotación de los recursos minerales del desierto, petróleo en Libia y uranio en Níger, facilitan los viajes por el desierto.

En el norte de África tienen su punto de convergencia en Agadez, localidad al norte de Níger, o en Sehba, al sur de Libia, donde el control lo ejercen los grupos tribales fuertemente armados. Desde ese punto de confluencia de los inmigrantes del resto de África, e incluso de asiáticos de Afganistán, Irak o Pakistán, entre otros, que llegan al continente africano por vía aérea principalmente, son trasladados a las ciudades costeras de la región de la Tripolitana, Ziwara o Sabratah, a unos 500 kilómetros al este de la capital libia. Son lugares más o menos pacíficos donde se negocian los viajes y donde parte de la población colabora con sus garajes como refugio transitorio a un precio abusivo pero obligatorio para quien ve cerca el final de su pesadilla. Construcción, agricultura o trabajar en cualquier cosa con tal de lograr el dinero. Las lanchas utilizadas se fabrican en Libia y los pescadores siempre tienen a bordo algún bidón de gasolina, oro puro para las endebles embarcaciones de los nuevos esclavos del siglo XXI.

En Libia, cada eslabón de la cadena recibe su comisión correspondiente, sobre todo quien procura protección y seguridad, desde las milicias a las autoridades corruptas.

Fuente: ABC

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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