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El once de jugadores que no atraviesan su mejor momento
Con nueve jornadas disputadas de la Liga Santander ya podemos analizar quienes son los jugadores que no están rindiendo al nivel esperado al comienzo de la misma. Muchas de estas malas actuaciones están haciendo que los pronósticos deportivos iniciales se vean modificados, tanto a nivel individual como colectivo en cuanto a los equipos que representan.
Bajo palos elegimos a Thibaut Courtois ya que su inicio no está siendo el más esperanzador y eso que su situación en la plantilla blanca tiene que ser más confortable que la de la campaña pasada, donde la sombra de Keylor Navas era muy alargada.
En la defensa tenemos a tres jugadores venidos a menos en los últimos meses como son Hugo Mallo, Fernando Calero y Marc Bartra. El lateral derecho gallego está como su equipo, en un estado de apatía preocupante, sin ser incisivo en ataque como acostumbraba y dejando serias dudas en la parcela defensiva.
Fernando Calero llegó al Espanyol este pasado mercado estival después de una gran temporada con el Valladolid en su estreno en la Primera División del fútbol español. Pero desde su llegada su rendimiento ha sido muy pobre, con malas actuaciones que le costaron varios puntos a su equipo.
El último zaguero de nuestra línea defensiva es Marc Bartra. El central del Betis no está atravesando su mejor momento y está muy lejos del nivel que se le espera a un jugador internacional con la selección española.
En el mediocampo los elegidos son Marc Roca, Sergio Canales, Gonçalo Guedes y Thomas Lemar.
Marc Roca hizo una gran temporada 2018/2019, consiguiendo clasificar a su equipo para le UEFA Europa League y despertando el interés de varios clubs grandes del viejo continente. Pero este inicio está siendo diferente ya que no está a su mejor nivel y eso el Espanyol lo está echando en falta.
Sergio Canales es otro futbolista que viene de hacer una gran temporada, y es que el juego de su ex entrenador en el Betis, Quique Setién, le venía como anillo al dedo. En este comienzo de Liga parece que el jugador cántabro todavía no ha encontrado su sitio en el esquema de Rubí.
Este debería ser el año de consagración de Thomas Lemar después de una temporada de adaptación al fútbol español y al sistema del “Cholo” Simeone, pero de momento sigue sin ser pieza indiscutible de las alienaciones rojiblancas.
Gonçalo Guedes enamoró a la parroquia valencianista hace dos campañas pero la temporada pasada las lesiones frenaron su progresión y parece que de momento sigue lejos de ese nivel demostrado.
En la delantera contamos con Álvaro Morata ya que solamente ha notado un gol y está siendo más protagonista por sus lesiones que por lo aportado en el verde. El futbolista madrileño tendrá que mejorar sus registros goleadores si quiere volver a petar a la puerta de la selección española.
Rodrigo Moreno todavía no se ha estrenado como goleador en Liga, de modo que no nos queda otro remedio que incluirlo en este fatídico once aunque aporte otras cosas al juego del Valencia.
El último protagonista es Borja Iglesias. El delantero gallego llegó al Betis tras un culebrón veraniego, pero de momento sus cifras goleadoras no se pueden comparar con las logradas la pasada temporada.
Esperemos que mejoren las actuaciones de estos grandísimos jugadores, ya que han demostrado que este no es su verdadero nivel.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
