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Sudáfrica gana el Mundial de rugby a Inglaterra en una final casi perfecta
Sudáfrica es el nuevo campeón del mundo. En un intenso partido venció a Inglaterra 32-12 (ensayos 2-0) en la final de la Rugby World Cup Japón 2019.y se consagró campeón por tercera vez en su historia. Curiosamente, los Boks son campeones cada 12 años (1995, 2007, 2019) y rompieron con la maldición que decía que quien ganaba el Rugby Championship no ganaba el mundial ese año. Otra curiosidad es que Sudáfrica marcó su primer ensayo en una final del Mundial. Las otras 2 las había ganado con penales y drops.
Sudáfrica salió a atacar desde la patada inicial y consiguió un penal antes de cumplirse el primer minuto, aunque Handré Pollard no pudo sumar. En el minuto dos, Kyle Sinckler fue a placar a Mapimpi y chocó su cabeza contra la cadera del sudafricano. Se detuvo el juego para atenderlo y tras unos minutos salió caminando, pero no volvió a la cancha y fue reemplazado por Dan Cole.
Sudáfrica mostraba superioridad en las melés y se la hacía sentir a Inglaterra. Siguieron en campo inglés y obtuvo otro penal que esta vez sí convirtió Pollard a los nueve minutos. Recién pasados los 20, Inglaterra pudo cruzar la mitad de cancha y en esa jugada Sudáfrica sufrió las lesiones de Mbonambi y De Jager (ambos reemplazados), y llegó el primer penal para los de La Rosa, con los primeros tres puntos gracias a Owen Farrell.
Los Boks volvieron al campo inglés por un rato y se fueron con tres puntos más sumados por Pollard. Inglaterra respondió con un tremendo ataque de varias fases en las que intentó imponer la fuerza de choque de los hermanos Vunipola, de Lawes, de Tuilagi, siempre rechazados por la defensa sudafricana incluso sobre la línea de ensayo. La jugada se diluyó cuando abrieron hacia la derecha para jugar con los tres cuartos, y retrocedieron metros. El árbitro decidió volver a un penal anterior y Owen Farrell empató. Sudáfrica volvió otra vez a campo inglés aprovechando su fuerza, y algunos errores permitieron al pie de Pollard poner el 12-6 al descanso.
El segundo tiempo fue un poco más parejo, sobre todo con el ingreso de Colin Slade por George Ford , que no estuvo fino en la conducción. Con un intercambio de penales el marcador se puso 18-12 para los Boks hasta que en el minuto 24, sobre la izquierda se escapó Makazole Mapimpi, pateó a la carrera para que la tomara Lukhanyo Am que lo acompañaba y tras romper su marca la devolvió para que Makazole Mapimpi apoye el primer ensayo de Sudáfrica en una final del Mundial.
Handré Pollard, ‘ejecutor’ de la final
Sudáfrica comenzaba a sentirse campeón y remató faltando siete minutos, con Cheslin Kolbe por la derecha en una jugada individual en la que se sacó la marca de encima y corrió para apoyar el segundo ensayo, que sería el cierre del marcador. Sudáfrica festeja por tercera vez e iguala los tres títulos All Blacks. La Webb Ellis se queda en el Sur.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
