España
El Papa pronuncia un acertado y contundente alegato con sus primeras palabras en España
El Papa acaba de pronunciar sus primeras palabras en España en el Palacio Real, un discurso elevado pero de hondo calado político que adquiere una relevancia especial por el momento de máximo descreimiento que vive nuestro país.
Recién llegado del aeropuerto en una comitiva oficial arropado por las 60 personas que conforman su séquito, León XIV ha llamado a superar las «ideologías prefabricadas» y la «narrativa polarizante» que se has instalado en España.
«Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación», ha dicho ante los Reyes, sus hijas y las autoridades congregadas para darle la bienvenida en su primera visita.
Un pueblo «apasionado»
Durante una intervención larga y llena de enjundia en la Sala de Columnas del Palacio, Su Santidad ha destacado «el vínculo antiquísimo entre la fe cristiana y esta tierra» y ha recordado con emoción el poso de fe que dejaron los grandes santos españoles. Desde el apóstol Santiago a Santa Teresa, San Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola, León XIV ha descrito a los españoles como «un pueblo lleno de pasión que ama la vida y lo manifiesta».
«El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad», ha continuado.
Los grandes ejes de este primer discurso en España han puesto de manifiesto que su Pontificado va a seguir la línea de su predecesor, el Papa Francisco. Con un estilo distinto pero una esencia melliza, el Pontífice ha vuelto a poner al ser humano en el centro de todo.
«Esta dimensión del ser humano es la razón por la que hay que proteger la libertad religiosa y de conciencia. Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia», ha asegurado.
Noches oscuras
Las «noches oscuras» como impulso y comienzo de algo que nace y que también concierne a los servidores públicos como facilitadores de ese amanecer: «Por eso se necesitan, también en la vida pública, hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo, casi el irrumpir de una verdad como luz que aún ciega, pero que —si confiamos y encontramos paz— nos llevará delicadamente hacia sí misma».
Con su primera encíclica recién publicada, «Magnifica Humanitas», y dedicad a la Inteligencia Artificial, el Papa de origen estadounidense ha vuelto sobre los peligros de un progreso mal enfocado y alienante. «Las nuevas tecnologías se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse».
Al finalizar su intervención, ha querido León XIV hacer un reconocimiento de la línea seguida por el Gobierno en los conflictos internaciones. Un capote que sin duda sentará como un maná caído del cielo en Moncloa. «Expreso mi agradecimiento a vuestro país por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos. Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana. ¡Que Dios bendiga a España!», ha concluido.
Reparar el daño
Antes de escuchar al Papa, ha sido Felipe VI quien le ha dado la bienvenida a nuestro país con unas palabras en las que ha reconocido la labor social de la Iglesia pero también y por primera vez se ha referido a los abusos sexuales en el marco de la Iglesia.
«Quiero destacar la enorme labor social de la Iglesia Católica, fruto del compromiso de los religiosos y las religiosas, los sacerdotes, los diáconos, los jóvenes que se implican en la vida de la parroquia, los voluntarios que ayudan en residencias, albergues, comedores y centros de acogida. Creo que me hago eco del sentir mayoritario de los españoles cuando reúno en Vuestra Persona mi reconocimiento y gratitud hacia todos esos hombres y mujeres», ha dicho el Rey.
Acto seguido, Don Felipe se ha manifestado sobre la lacra que ensombrece ese trabajo por los más pobres: «No puede haber mayor contraste con todo ello que el dolor causado por los casos de abuso, que ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial. Vuestra claridad y firmeza, que también quiero reconocer, son esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido: lo son para las víctimas, para los fieles, para la Iglesia y para la sociedad en su conjunto».
La visita del Papa León XIV a España ha comenzado con una solemne ceremonia de bienvenida presidida por los Reyes en Madrid, un recibimiento que ha escenificado la estrecha relación institucional entre la Corona y la Santa Sede y que tuvo además un marcado carácter histórico al tratarse de la primera visita de este Pontífice al país.
La Plaza de la Armería ha servido de escenario para los honores de Estado, con una formación de la Guardia Real, una salva de 21 cañonazos y la interpretación de los himnos de la Ciudad del Vaticano y de España. La llegada del Pontífice al Palacio Real ha tenido además un significado especial para la Familia Real. Junto a los Reyes han estado la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía, que han tomado parte en uno de los actos de mayor relevancia institucional de la visita. Ha sido una nueva ocasión para ver a la Heredera asumir un papel destacado en representación de la Corona en un acontecimiento de alcance internacional.
Los Reyes, con sus hijas
Tras el desfile de honores y la revista a las tropas, el Papa ha mantenido un encuentro privado con los Reyes y sus hijas antes de saludar a las autoridades españolas. El momento central de la jornada se ha producido en el Salón de Columnas, donde Felipe VI y León XIV han pronunciado sendos discursos ante cerca de 250 invitados, entre ellos representantes de los poderes del Estado, miembros del Gobierno, presidentes autonómicos, dirigentes políticos, el cuerpo diplomático y la jerarquía eclesiástica española.
La visita de León XIV, que se prolongará hasta el próximo 12 de junio, ha supuesto la novena ocasión en la que un Pontífice viajaba a España desde el inicio de la democracia. Las ocho anteriores correspondieron a San Juan Pablo II y Benedicto XVI, cuyas visitas dejaron algunas de las imágenes más significativas de las relaciones entre España y la Iglesia católica durante las últimas décadas.
La Familia Real acompañará al Papa en varios de los principales actos de su estancia. Los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía asistirán el domingo a la multitudinaria misa celebrada en la plaza de Cibeles, mientras que la Reina Sofía participará el lunes en el homenaje a la Virgen de la Almudena. Don Felipe y Doña Letizia volverán a coincidir con el Pontífice el miércoles en la Basílica de la Sagrada Familia, antes de que el Rey le despida oficialmente el próximo viernes en Tenerife, poniendo fin a siete días de intensa actividad pastoral e institucional.
España
Europa se muere de «multiculturalismo». Matémoslo antes de que nos mate
Pierre Claire.- En 2001, el primer ministro neerlandés Wim Kok gobernaba un país que se enorgullecía de ser el laboratorio mundial del multiculturalismo. Un año después, Pim Fortuyn (sociólogo, antiguo marxista, figura de la ultra derecha neerlandesa que criticaba el multiculturalismo, la inmigración y el islam en los Países Bajos) fue asesinado por haber dicho que el modelo no funcionaba. El debate se cerró antes de empezar, estaba imposible discutir en el paraiso multicultural de Europa…
Ese es el problema central del multiculturalismo como ideología, porque ha vuelto imposible su propia evaluación. Criticar el modelo es estar contra la diversidad según los progresistas. Cuestionar sus resultados es abogar por el repliegue identitario, algo que a algunos les parece detestable y por lo que te insultan.
El multiculturalismo como hecho es interesante con sociedades compuestas por culturas distintas que coexisten, intercambian. El multiculturalismo como dogma es otra cosa con la afirmación de que todas las prácticas culturales valen lo mismo, que exigir una adaptación es una forma de opresión y que señalar las disfunciones equivale a racismo encubierto. Ese deslizamiento entre el hecho y la doctrina es el juego de manos intelectual del que nadie habla.
Es ese dogma el que produjo el escándalo de Rotherham, en el Reino Unido, dónde durante quince años, más de 1.400 jóvenes fueron víctimas de redes organizadas de abuso sexual, bandas de captación formadas principalmente por hombres paquistaníes. Los trabajadores sociales lo sabían. La policía lo sabía. Los cargos electos locales lo sabían. Nadie actuó, por miedo a ser acusado de racismo. El informe oficial de 2014 lo dijo con todas las letras. No fue un fallo de información. Fue un fracaso moral sistémico, producido por una ideología.
El mismo mecanismo explica lo que pasó en Colonia, en diciembre de 2015, con cientos de agresiones sexuales en la Nochevieja, deliberadamente minimizadas durante días por las autoridades alemanas. No por incompetencia, pero por cálculo político. Admitir los hechos amenazaba con estigmatizar a una comunidad. Asi, se silenciaba a las víctimas, y las feministas no decían nada porque los delincuentes no eran los buenos.
La izquierda no puede hacer este balance. Reconocer que el multuculturalismo sin limite produce zonas sin ley, comunidades impermeables a los valores liberales, mujeres abandonadas por el feminismo oficial porque sus verdugos pertenecen a una minoría protegida, sería repudiar treinta años de política identitaria. Un repudio del que ningún partido de izquierda es todavía capaz.
Y sin embargo los hechos se acumulan. En Francia, diversos estudios documentan el retroceso de la convivencia mixta, de la libertad vestimentaria femenina y de la práctica religiosa extrema en ciertos barrios, por la presión comunitaria. En Suecia, la violencia de bandas ha alcanzado cifras récord, concentrada en barrios donde la integración había sido declarada exitosa durante décadas.
La integración exitosa no es el borrado de las culturas. Es la adhesión compartida a una base común de derechos y deberes, que se aplica a todos sin excepción cultural. Exigir el respeto de ciertas valores y leyes no es un crimen racista, sino algo normal…
El verdadero racismo (el que la izquierda no ve) está en el silencio. Tratar a comunidades enteras como menores morales a quienes no se puede aplicar los mismos estándares que al resto no es benevolencia, es condescendencia disfrazada de virtud.
La igualdad real empieza por la exigencia igual. No por la exención permanente.
