Internacional
El Parlamento Europeo agita el catastrofismo al declarar la emergencia climática
Negar el cambio climático te puede llevar al patíbulo de los condenados por negar algunos de los mantras oficiales de la izquierda que han sido fijados como verdades dogmáticas; y por consiguiente, no sujetas a refutación posible.
Numerosos científicos han desmontado la teoría de que el calentamiento global y el cambio climático se debe a la mano del hombre. Los ciclos de la actividad solar son determinantes en el aumento de la temperatura del planeta. ¿Por qué los gobiernos de la izquierda se empeñan en echar la culpa a la mano del hombre? ¿Se puede enfocar el cambio climático desde el punto de vista científico? Parece ser que no.
Aún en el supuesto de que fueran ciertas las teorías sobre el cambio climático, nos preocupan cosas más importantes. Por ejemplo, que no podremos salir de esta decadencia moral más que por un enorme resurgimiento moral, enseñando a los hombres a amar, a sacrificarse, a luchar y morir por un ideal superior. Los mismos que están destruyendo la dignidad humana y fomentando el consumo compulsivo en Occidente son los más interesados en que creamos sus teorías sobre el calentamiento global. ¿Qué buscarán estos bribones?
Emergencia climática
El pleno del Parlamento Europeo ha aprobado este jueves una resolución en la que declara la situación de emergencia climática y medioambiental y reclama a la Comisión Europea, a los gobiernos de la UE y a «todos los agentes mundiales» que adopten con urgencia medidas para «combatir y detener esta amenaza antes de que sea demasiado tarde».
El texto -propuesto por el grupo de Socialistas y Demócratas (S&D), los liberales de Renew Europe y la Izquierda Unitaria Europea (GUE) y apoyada también por Los Verdes- ha recibido 429 votos a favor, 225 en contra y 19 abstenciones.
Además, los eurodiputados han rechazado las enmiendas planteadas por el Partido Popular Europeo (PPE) que abogan por sustituir la palabra «emergencia» por «urgencia».
Además de declarar la emergencia climática, la resolución insta al nuevo Ejecutivo comunitario presidido por Ursula von der Leyen a evaluar «plenamente» el impacto climático y medioambiental de todas las propuestas legislativas y presupuestarias pertinentes.
Asimismo, ha pedido a la conservadora alemana que su Comisión garantice que sus propuestas legislativas estén «totalmente en consonancia» con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 grados y no contribuyan a la pérdida de la biodiversidad.
Recientemente, miles de científicos de todo el mundo declararon la existencia de una «emergencia climática».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
