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Opinión

El periodismo español nunca estuvo tan prostituido, por Francisco Rubiales

Redacción

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El periodismo es ya, junto con la política, la profesión más rechazada y despreciada por los demócratas y los ciudadanos decentes de España.

Nada hay más repugnante para un periodista que ser esclavo del poder, como tampoco nada hay peor que un médico que empuja al paciente hacia la muerte o un juez que venda la justicia al mejor postor.

Preguntad a la España decente y limpia qué profesiones les producen mayor rechazo y escucharéis repetir sin descanso que «políticos y periodistas». Ese rechazo a dos piezas claves de la democracia constituye una prueba solvente de que la política española está pervertida y en el cubo de la basura.

La prostitución del periodismo, en tiempos del sanchismo, ha alcanzado su máximo nivel de corrupción y repugnancia. Legiones de periodistas han sido comprados y otros participan voluntariamente, sin ni siquiera cobrar, en el terrorismo informativo que promueven las izquierdas que gobiernan, ocultando la verdad al pueblo, desinformando, mintiendo, denigrando a los que piensan diferente y ayudando a que la tiranía se fortalezca y la democracia sea asesinada en España.

El periodismo español, prostituido por su intenso sometimiento al poder político y falta de independencia y verdad, salvo excepciones de gran mérito, ha acumulado mucho oprobio e indecencia durante la actual etapa de gobierno socialista-comunista, en la que ha alcanzado la cima de la bajeza utilizando en favor del gobierno noticias falsas, información censurada, tergiversaciones, manipulaciones, silencios cómplices y hasta un indecente boicot mediático al partido VOX, que sufre un acoso de la prensa sometida que nada tiene de democrático ni de ético.

El actual periodismo español, salvo escasas excepciones de independencia heroica y crítica democrática, tiene incrustada en su alma la corrupción, el declive ético, el rechazo a la verdad y el sometimiento al poder.

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Los políticos al menos son elegidos cada cuatro años, lo que les otorga cierta legitimidad, aunque sean corruptos y malvados, pero los periodistas que ocultan la verdad, toman partido y mienten para ayudar al poder político son auténticos traidores corrompidos, sin excusas ni atenuantes.

Las asociaciones de la prensa de España repiten que «sin periodismo no hay democracia», pero ocultan que lo que la democracia necesita no es periodismo, sino «periodismo libre, independiente, veraz y capaz de fiscalizar al poder».

Del mismo modo que el periodismo libre fortalece la democracia, el periodismo sometido fortalece la tiranía.

En mi libro «Periodistas sometidos, los perros del poder» (Almuzara 2009), se dice que «No hay un sólo caso de periodista esclavo que sea recordado por la Historia, del mismo modo que tampoco merecen el recuerdo los militares cobardes o los médicos al servicio de la muerte».

En las actuales asociaciones de la prensa conviven revueltos dos tipos de comunicadores opuestos e irreconciliables: los sometidos al poder, verdaderos mercenarios a sueldo de los que mandan, y los auténticos periodistas, aquellos capaces de informar al pueblo con independencia, verdad y valor, aunque ese comportamiento decente les cueste marginación, acoso y represalias por parte del poder político inicuo.

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En el periodismo actual, quien se somete a la verdad y la difunde es un verdadero «periodista-héroe», pero quien se somete al poder, desprecia la verdad y pone sus conocimientos al servicio de los que le han comprado, es un «propagandista» mercenario. Separar a los periodistas de los propagandistas debe ser el primer paso para la regeneración de una profesión, que es imprescindible para mejorar la política y hacer del mundo un espacio de justicia y decencia.

Ser periodista es ser un proveedor profesional de la información y la opinión veraz que el ciudadano necesita para conocer el mundo en el que vive y adoptar las decisiones correctas. Pero al poder no le interesa que el pueblo esté correctamente informado porque al descubrir las maldades, abusos e iniquidades de la clase política, los ciudadanos nunca les votarían. Por eso compran periodistas y medios, para ocultar la verdad, manipular la información y la opinión y engañar a los votantes.

Hay otra frase del libro «Periodistas sometidos» que conviene tener presente siempre, si se quiere ser periodista de respeto y decencia: «Que quede claro que los periodistas sometidos al poder sólo pueden esperar poder y dinero, pero nunca reconocimiento, honor o respeto».

En mi último libro «Hienas y buitres» (Tecnos 2018), se dice: «Muchos periodistas e intelectuales de hoy carecen de lealtad a la libertad porque han sido comprados o reducidos a ser meras piezas de la máquina estatal de propaganda».

Francisco Rubiales

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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