España
El PP pide al ministro del Interior que asuma la competencia de los Mossos porque la seguridad ciudadana «está en peligro» en Cataluña
Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, ha pedido al ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que asuma la competencia de los Mossos d’Esquadra en Cataluña para garantizar la seguridad ciudadana que, a su juicio, «en estos momentos está en peligro».
Así lo ha manifestado este domingo Levy en declaraciones a los medios en Gijón, donde ha destacado que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, «prefiere apoyar a los violentos comandos CDR en vez de garantizar la convivencia del conjunto de la sociedad catalana».
«Los españoles no sabemos si es que Sánchez no se entera de lo que está sucediendo en Cataluña o es que no se quiere enterar, porque depende de los votos de los independentistas para seguir amarrado al sillón de Moncloa», ha criticado.
Para la ‘popular’, es «muy grave» que el presidente de la Generalitat «apoye a los violentos» y «desampare» al conjunto de los catalanes al «inhabilitar» a los Mossos para que actúen frente a «los comandos violentos que cortaron carreteras y secuestraron al conjunto de la sociedad catalana».
«Ante esto sentimos un desamparo por parte del Gobierno de España que puede y debe actuar», ha sentenciado Levy, quien ha hecho hincapié en que el ministro del Interior «debe asumir» la competencia de seguridad ciudadana y «poner orden» en Cataluña, para que no esté «a merced de grupos radicales».
En este sentido, ha incidido en que Torra «es un peligro para la convivencia» en Cataluña y que Sánchez «no puede seguir mirando hacia otro lado». «Los catalanes merecemos vivir en paz, Sánchez debe actuar ya y restablecer el orden en Cataluña», ha dicho.
Asimismo, Levy ha añadido que el Gobierno «no puede permanecer impasible» en Cataluña si el presidente de la Generalitat «prefiere apoyar a los violentos y boicotear a los demócratas».
«Sánchez prefiere los votos de los independentistas a que en Cataluña haya convivencia. Cada nuevo día que Sánchez pasa en Moncloa hay algo que va peor en España», ha asegurado.
Por ello, ha apuntado que España «necesita elecciones ya» y ha recordado que «sus propios socios de moción de censura, Podemos y PNV, están reclamando elecciones». «Las urnas en Andalucía han sido una moción de censura a las políticas de desastre de Sánchez», ha comentado.
«Sánchez haría bien en tocar suelo, dejar de estar permanentemente subido al ‘Falcon’ y darse cuenta del desastre que está creando cada día que pasa en Moncloa», ha subrayado Levy, destacando que el presidente del Gobierno «no puede ir» a un Consejo de Ministros en Barcelona «sin antes requerir a Torra que no haya purgas en los Mossos porque quieran defender al conjunto de catalanes».
Por último, la ‘popular’ ha criticado los Presupuestos Generales que «erre que erre» Sánchez quiere aprobar «aunque sean malos para la economía en España y para el empleo de los españoles».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
