Sociedad
El PP propone penas de hasta 3 años de cárcel a ‘okupas’ y desalojos ‘express’ en las primeras 24 horas
El PP ha registrado este jueves en el Congreso una proposición de ley para endurecer el Código Penal contra las ‘okupaciones’, con penas de hasta tres años de cárcel, y acelerar los desalojos por parte de la autoridad pública en un plazo de entre 12 y 24 horas.
La modificación del Código Penal que propone el PP eleva de uno a tres años las penas de cárcel, en caso de producirse con violencia o intimidación, con una pena de entre seis a dieciocho meses para el resto de casos.
Estas penas podrían ser superiores si la ‘okupación’ supera los 15 días, mientras que los ‘okupas’ podrían ver rebajado el castigo en trabajos en beneficio de la comunidad –de 31 a 90 días– o multa dos a doce meses si se devolviera el inmueble a su propietario o poseedor.
CONTRA LAS MAFIAS
El texto regula asimismo la figura de las mafias de la ‘okupación’, al contemplarse penas para grupos organizados, incluyendo para aquellas personas que, sin participar directamente de los hechos, promuevan la ‘okupación’ dando instrucciones o señalando inmuebles para ‘okupar’.
El PP también recoge la posibilidad de inhabilitación de cargo público y del ejercicio de derecho de sufragio pasivo –aspirar a ser elegido en un proceso electoral– en caso de que la persona que participe en un grupo organizado fuera cometido por una autoridad o funcionario público.
Respecto al procedimiento para impulsar los desalojos, el PP busca ampliar las facilidades dadas en la modificación de la Ley de Enjuiciamiento Civil impulsada por el PDeCAT y aprobada por el Congreso esta legislatura, con el fin de extender el ‘desahucio express’ a aquellas viviendas propiedad de las empresas.
Por otro lado, el PP propone una serie de modificaciones en la Ley de propiedad horizontal, donde autoriza al propietario o a la persona que ejerza la presidencia de una comunidad de propietarios a comunicar a la autoridad conductas o actividades prohibidas, sin necesidad de apercibimiento.
TAPIAR PUERTAS Y VENTANAS
En este sentido, refleja por ley la posibilidad de que la presidencia de una comunidad advierta a un propietario de la posibilidad de adoptar medidas preventivas, como tapiar o cerrar puertas o ventanas, en caso de que su vivienda o local se encuentre vacía y exista «riesgo de que resulte ocupada ilegalmente, sin derecho y en contra de la voluntad del propietario».
Por último, establece nula cualquier inscripción en el padrón municipal cuando la persona que intente inscribirse es ‘okupa’, y no se considerará prueba de residencia o domicilio, ni atribuirá derecho alguno. Así, establece que los ayuntamientos den de baja de oficio o a instancias del propietario cualquiera de estas inscripciones.
El Grupo Popular ha anunciado también su intención de pedir la tramitación parlamentaria de su proposición de ley con la vía de urgencia, lo que acortaría los plazos a la mitad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
