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El Real Madrid ante su peor crisis en años
El Real Madrid ha comenzado el mes de diciembre inmerso en una de las peores crisis deportivas que se recuerdan. La mala dinámica en liga es noticia tratándose del actual campeón, pero no es algo que preocupe excesivamente al madridismo, que centra sus mayores aspiraciones en la UEFA Champions League.
Ahí reside el origen del mal momento del conjunto blanco, al que solo la fortuna mantiene vivo en la máxima competición del fútbol europeo, eso sí, dependiendo de sí mismo pero obligado a ganar en la última jornada para clasificarse, algo que no se vivía en el equipo más laureado de Europa desde hace muchos años.
Que un equipo como el Valencia CF con unos dueños sin ningún arraigo por el club te meta cuatro goles es preocupante, o perder en casa ante el Cádiz o el Deportivo Alavés. Al aficionado madridista le gusta ver a su equipo siempre líder en las apuestas de fútbol al título de liga y que en Europa camine con paso firme. Esa es la exigencia de un club como el Real Madrid, que tiene una cuota de 3,50 euros a campeón (a 11 de diciembre de 2020 en Betway Sports). Aunque ahora no es el máximo candidato, nadie duda de que el equipo de Zidane acabará peleando por el título, aunque el técnico francés esté discutido por primera vez desde que llegara al Real Madrid.
Crisis deportiva y económica
Se suele decir que las desgracias nunca vienen solas, y en el caso del Real Madrid parece que se puede juntar todo a la vez. El hecho de caer eliminado de la UEFA Champions League supondría un varapalo económico difícil de digerir para Florentino Pérez, que a través de los organismos del club ya anunció una reducción del presupuesto de 300.000 euros a falta de aprobarlo en asamblea el próximo 20 de diciembre.

No es el único equipo que está atravesando una mala situación económica, incluso algunos como el Barça están en una situación mucho más delicada, pero al menos los de Ronald Koeman no penden de un hilo para gozar de los ingresos económicos que otorga la UEFA en su competición por excelencia.
En este sentido, es digno de elogiar que tanto jugadores de la primera plantilla de fútbol como de baloncesto accedieron a reducir su salario un 10% para paliar un poco las pérdidas de la entidad, pero lo que no espera Florentino Pérez es que el Real Madrid deje de percibir las cantidades de la Champions League, por lo que el técnico francés tiene un auténtico match ball ante el Borussia Mönchengladbach.
¿Qué le pasa al Real Madrid?
Esta es la pregunta que muchos aficionados se hacen tras cada mal partido del equipo blanco. Un equipo que ganó la liga hace apenas unos meses con una racha triunfal espectacular, y que cuenta prácticamente con la misma plantilla, es ahora mismo una caricatura de lo que fue hace no mucho.
Quizá la poca renovación de una plantilla envejecida cada temporada un poco más sea una de las causas. La ausencia de fichajes que sirvan de revulsivo para el equipo y la afición también podría ser una de los detonantes de la mala situación actual, y mira que tuvo opciones buenas y «baratas» en el mercado, como el caso de Ferrán Torres, un futbolista del gusto de Zidane que acabó marchándose al Manchester City por 25 millones de euros.
Cuando ves a Zidane utilizar a Lucas Vázquez o Mariano Díaz como revulsivos para remontar un encuentro o para ser titulares ante alguna baja relevante en el Real Madrid, es inevitable acordarse de jugadores que se han dejado escapar, como el caso de Ferrán Torres, el cual está cuajando una extraordinaria temporada tanto en Inglaterra como en la selección española.
Las continuas lesiones de Hazard tampoco ayudan al equipo. El único fichaje mediático de Florentino Pérez tras la marcha de Cristiano Ronaldo no está saliendo como se esperaba por culpa de las inoportunas lesiones, que tienen al belga más tiempo en Sanitas, clínica médica especializada colaboradora con el Real Madrid, que en el propio terreno de juego.
El futuro del Real Madrid pinta justo lo contrario del color de su primera equipación, y si Zinedine Zidane no pone remedio rápido a la situación deportiva, es probable que Florentino Pérez tome medidas para que no trascienda decisivamente en el marco económico, algo que siempre ha preocupado y mucho, al presidente de la entidad madridista.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
