Internacional
El régimen chino reemplaza a soldados en el Tíbet por un ejército de robots equipados con armas
Según trascendió esta semana, el régimen comunista chino ha enviado a decenas de robots equipados con armas de fuego para reemplazar a cientos de soldados de su ejército que están siendo severamente afectados por las condiciones de frío extremo que prevalecen en las altas montañas que limitan con India.
Acorde a lo reportado en un informe del Times Now News de India, más de la mitad de los vehículos robot que el régimen chino puso a disposición en la región, se dirigen a Ladakh, la región donde China se enfrenta al ejército indio por una frontera en disputa.
Las decenas de vehículos no tripulados que está desplegando el régimen en la región son capaces de transportar tanto suministros como armas tipo ametralladoras ligeras que se operan de modo inalámbrico.
Según los medios indios, al menos 88 robots llamados Sharp Claws fueron enviados en esta primera instancia, de los cuales 38 fueron inmediatamente dirigidos a la zona fronteriza de mayor conflicto.
También se han enviado unos 120 tanques robot modelo Mule-200 al Tíbet, y la mayoría de ellos se han desplegado en la zona fronteriza.
Además de los dispositivos no tripulados, el régimen chino reforzó la zona con al menos 70 vehículos blindados tipo VP-72 y más de 150 vehículos todo terreno con capacidad para transportar a varios soldados, armamentos o suministros de todo tipo.
Con anterioridad, el aparato de propaganda comunista había hecho alarde de los equipamientos de última tecnología tipo exoesqueletos con los que se había equipado a los soldados que enviaron a la zona de conflicto para estar protegidos de las temperaturas extremas, tormentas de viento y nieve al mismo tiempo que les facilita el transporte de pesadas cargas.
“Este tipo de traje de exoesqueleto es particularmente efectivo en misiones como la entrega de suministros, la patrulla y el servicio de centinela”, reportaron los medios de propaganda comunista en diciembre de 2020.
Este tipo de traje, informaron, es ideal para realizar trabajos en altitudes considerables donde las personas pueden sufrir debilidad en sus músculos por la falta de oxígeno, acrecentado por el frío de la montaña. Tal es el caso de las tropas fronterizas que deben desempeñar sus tareas a más de 5 mil metros de altitud.
Sin embargo, parece que los trajes no fueron lo suficientemente efectivos como lo planteó en un primer momento el ejército del régimen, los soldados sufrieron de todos modos las duras consecuencias de las altas montañas, y las autoridades decidieron ocupar sus espacios con decenas de peligrosos robots que despertaron las alarmas de la comunidad internacional.
China e India han librado un conflicto intermitente en su región fronteriza durante décadas a lo largo de lo que se conoce como la “línea de control”.
La región es extremadamente seca, remota e inhóspita, tiene poco valor práctico aunque carga con un pesado significado simbólico de poderío para ambos países que intentan manifestar su poder y dominio.
Las tensiones llevan varios años, pero se acrecentaron en enero de 2020 cuando los medios indios reportaron hubo un enfrentamiento armado entre tropas indias y chinas, tras un intento fallido por parte del régimen comunista de violar los límites establecidos en la frontera de Sikkim.
Según trascendió los soldados chinos habrían intentado cruzar la frontera, pero fueron desafiados por soldados indios, quienes intentaron exitosamente detener el avance del ejército rojo luego de un violento enfrentamiento, que dejó al menos 20 soldados chinos heridos y una fuerte tensión entre los gobiernos de ambos países.
Andrés Vacca
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
