Internacional
Genocidio Blanco: El señor Bergoglio insta a abrir las fronteras a los millones de inmigrantes ilegales que pretenden entrar en Europa
El señor Bergoglio nuevamente se mostró embanderado con la causa de los inmigrantes y durante una rueda de prensa instó a los países europeos a tomar medidas y responsabilizarse por los inmigrantes ilegales que están intentando ingresar al continente. “Ningún país puede eximirse” de recibir inmigrantes, dijo Francisco.
“Todos los países europeos deben sentirse responsables y acoger a los inmigrantes e incluso ayudarlos a integrarse”, dijo el miércoles 22 de diciembre el inquilino del Vaticano, instando a las naciones a abrir “la puerta del corazón”, reportó Reuters.
En su habitual audiencia semanal, el señor Bergoglio volvió a demostrar su interés por promover la flexibilización de fronteras, alentando el ingreso de millones de inmigrantes ilegales que pretenden entrar al continente europeo en busca de un futuro mejor.
También advirtió que los países europeos están enfrentando la situación de forma desigual, lo que provoca que la responsabilidad recaiga sobre unos pocos. En este sentido dijo:
“También noté cómo sólo algunos países europeos están soportando la mayoría de las consecuencias de este fenómeno migratorio en el área mediterránea, mientras que en realidad, es necesaria una responsabilidad compartida de la que ningún país puede eximirse”.
Francisco felicitó a Italia por sus políticas migratorias y motivó al resto de países a que siga su ejemplo.
Recientemente viajó a Chipre y Grecia, donde dijo haber palpado en forma directa el asunto de la inmigración y los refugiados. Según dijo, tal fue su impresión que decidió llevar consigo a un grupo de refugiados que conoció durante su gira a quienes prometió cuidar durante los próximos meses hasta que logren insertarse en la sociedad.
“En particular, gracias a la generosa apertura de las autoridades italianas, pude traer a Roma a un grupo de personas que conocí durante mi viaje: algunas de ellas están hoy aquí entre nosotros”. El resto del grupo llegará en las próximas semanas, según se informó.
Con su ‘ejemplo’ instó a las comunidades religiosas de toda Europa a que hagan lo mismo y “se ocupen de otros hermanos y hermanas que necesitan urgentemente ser atendidos”, dijo.
Alrededor de 54.000 inmigrantes han llegado a Italia durante el año 2021, casi duplicando la cifra del año pasado de 30 mil.
El señor Bergoglio ha generado amigos entre los sectores de izquierda y enemigos entre los conservadores con su discurso y acciones de fronteras flexibles.
Solo a modo de ejemplo, en el mes de septiembre, Francisco se reunió con el primer ministro conservador de Hungría Viktor Orban, cuyas políticas de refugiados chocan con sus con tinuas llamadas a la acogida e integración de inmigrantes musulmanes que llegan todos los días de Medio Oriente y África.
Si bien la inmigración no estaba en la agenda establecida, Orban escribió en Facebook: “Le pedí al Papa Francisco que no dejara morir a la Hungría cristiana”. Orban ha descrito con frecuencia a su gobierno como un defensor de la civilización cristiana en Europa y un baluarte contra la migración de países de mayoría musulmana.
Por el contrario, Francisco ha expresado su solidaridad con los inmigrantes y refugiados y ha criticado lo que llamó un “populismo cristiano” promovido por gobiernos como el de Hungría.
A pesar de las críticas de Francisco y organizaciones globalistas como la Unión Europea que presionan para que Hungría ablande su postura contra la inmigración irrestricta hacia Europa, Orbán se mantiene firme en su postura conservadora asegurando que mantendrá sus política migratoria.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
