España
El Rey conspiró con la extrema-izquierda de Podemos para que Pedro Sánchez llegara a La Moncloa
“Su llegada a la Secretaría General del PSOE en 2014, en plena crisis económica global, abrió una nueva época en la formación política. Transcurridos dos años, era expulsado del liderazgo de su partido, al que regresó, aupado por la militancia, para ser investido presidente del Gobierno un año después. En cuestión de meses ha situado a nuestro país en primera línea de la defensa de valores y políticas progresistas, la justicia, el europeísmo, el feminismo y el ecologismo”. Así presenta la Editorial Planeta el libro “Manuel de Resistencia”, de Pedro Sánchez, que es la primera obra publicada por un Presidente del Gobierno español cuando todavía está en el cargo.
El ensayo en cuestión, un tratado político cargado de vacuidades, frases hechas y manoseados eslóganes izquierdistas, es, sobre todo, un gran canto egocéntrico de alguien que, al no tener límite a la hora de autoalabarse, cae fácilmente en la revelación de conversaciones y sucesos que por prudencia no debería hacer públicos.
En este sentido, lo más relevante del libro, además de algunos cotilleos y baratijas ideológicas relacionadas con las luchas de poder dentro del PSOE, tiene que ver con los contactos mantenidos por el líder socialista con el Rey Felipe semanas antes de que el primero fuera elegido presidente del Gobierno. Según Sánchez, y según recoge el diario “El Mundo”, Felipe VI le contó la ‘noticia’ de que Pablo Iglesias, líder de Podemos, iba a “proponerle formar Gobierno”. “Por extraño que parezca”, dice Sánchez en el libro, “fue el Rey quien me desgranó la propuesta de Iglesias, que quería formar un Gobierno de coalición conmigo”.
Según cuenta Sánchez, tras el rechazo de Rajoy a presentarse a la investidura, el Rey le telefoneó “preocupado” porque “la situación en la que quedaba el país era de bloqueo absoluto y porque se endosaba a la Corona la resolución de un escenario muy complejo”. “No se preocupe, señor. Los socialistas vamos a asumir nuestra responsabilidad”, explica Sánchez que le aseguró al Rey. “Le di mi palabra de desbloquear las instituciones y él me lo agradeció muy sinceramente. El Rey estaba tan decidido como yo a romper el bloqueo institucional en que nos situaba Rajoy”.
Pedro Sánchez, que no duda en presentarse como un líder beatífico que tenía el deber de “sembrar de nuevo la tierra para que creciera algo positivo”, asegura también que “se fraguó entre Felipe VI y yo una relación de complicidad que superó, y sigue superando a día de hoy, lo institucional. En aquellos días intensos, don Felipe y yo tuvimos la oportunidad de conocernos de verdad, en lo más personal, en una situación que ninguno de los dos buscábamos ni esperábamos, y en la que nos colocó la irresponsabilidad de otros”.
Pedro Sánchez, que parece verse a sí mismo como el gran líder visionario que todo país en ocasiones necesita, no duda en asegurar en su libro que el Rey y él enseguida se reconocieron como “las personas que íbamos a sacar al país del riesgo de bloqueo. Conectamos de una forma especial, confiamos el uno en el otro y se estableció una relación muy franca. Meses después, cuando dimití como secretario general. Me llamó para darme ánimos”.
(La Tribuna del País Vasco)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
