España
El Supremo ordena a la Junta Electoral Central que permita votar a los policías desplazados a Cataluña
El Tribunal Supremo ha ordenado a la Junta Electoral Central que tome las medidas oportunas para que se permita votar a los policías que se encuentran desplegados en Cataluña con motivo del dispositivo de seguridad para las próximas elecciones de este domingo.
Fuentes jurídicas han informado de que la Sala de lo Contencioso del Alto Tribunal ha estimado acordar la medida cautelarísima presentada por el sindicato policial JUPOL por razones de urgencia contra el acuerdo de la Junta que impedía votar a los agentes.
El PP y Vox también han pedido a la JEC que deje votar a los policías que irán a Cataluña el 10N
Vox ha enviado este viernes a la Junta Electoral Central (JEC) un escrito con el que pide que adopte cuántas medidas estén «a su alcance» para facilitar que los agentes de Policía que irán a Cataluña para preservar el derecho al voto el próximo domingo puedan también ejercerlo.
La solicitud de Vox se ha registrado después de que el PP haya hecho lo mismo con una similar; ambas son la reacción al acuerdo que ayer jueves tomó la Junta Electoral.
Un acuerdo al que llegó después de que los sindicatos policiales consultaran qué mecanismos podían habilitar para que los agentes que debían ir a Cataluña como parte del operativo de protección de los colegios electorales, y que por tanto no podrían votar, pudieran hacerlo en otras circunstancias, por ejemplo gracias a una ampliación del plazo para pedir el voto por correo.
Pero la Junta Electoral determinó que carece de competencias para hacer algo en ese sentido, ya que tendría que cambiar la legislación electoral, en concreto el procedimiento que regula el voto por correo.
Según señala Vox en una nota de prensa, es «una contradicción» que los funcionarios públicos sean desplazados para garantizar el derecho al voto de miles de ciudadanos y «ellos mismos no puedan ejercer el suyo».
A su entender, la Junta Electoral está en «la obligación de realizar cuántas medidas esté a su disposición» para que se aseguren dichos derechos.
Dice Vox que se podría aplicar en este caso la Ley Orgánica 5/1985, ya que alude a la posibilidad de que los funcionarios públicos puedan votar aunque por su trabajo tengan que desplazarse «de forma extraordinaria» el día de las elecciones.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
