Europa
El terrorismo francés de cosecha propia

Por Giulio Meotti.- Esta vez, el terrorista no empleó armas de fuego; sus víctimas no fueron niños desarmados, dibujantes o judíos, sino policías.
El lugar del atentado del 3 de octubre también fue llamativo: «Se suponía que el interior de la jefatura de la policía de París sería una fortaleza; es el símbolo del orden público de Francia y la lucha antiyihadista lo que se ha sacudido», declaró el académico francés Gilles Kepel a Le Figaro.
«Hemos entrado en (…) un terrorismo fabricado en Francia (…) donde se mezclan los sermones que predican los imames extremistas, las redes sociales y la instrumentalización de individuos frágiles. Consiste en crear un nuevo pánico en la sociedad atacando lugares (…) emblemáticos (…). Este atentado es un importante punto de inflexión en el terrorismo islamista».
El atacante, Mickaël Harpon, nacido en la isla francesa caribeña de Martinica, murió abatido después de que matara a cuatro personas con un cuchillo de cocina cerámico durante la hora del ataque en la hora del almuerzo en la jefatura de la policía de París. Harpon, un civil especialista en TI que trabajaba en la sección de información y poseía autorización de acceso de alto nivel, llevaba 16 años trabajando para la policía. Primero mató a tres hombres en la división de información, después acuchilló a dos mujeres policías en un rellano (una murió a causa de las heridas), antes de que al fin muriese abatido en el patio del edificio.
Harpon era desde hacía tiempo un converso al islam y concienciado asistente a su mezquita local, donde acudía a las oraciones de la mañana y de la tarde. Un imam radical que casi expulsan de Francia oficiaba allí.
Según el Wall Street Journal:
«Las autoridades descubrieron varias memorias USB en su escritorio, una de ellas con información sobre agentes y propaganda islamista violenta, según afirmaron. (…)
Una pregunta clave es si Harpon descargó esos datos en la memoria portátil por su trabajo (…) o para enviársela a sus contactos extremistas y pudieran usarla para atacar a la policía».
En 2016, Patrick Calvar, director general de información interna de Francia declaró —señalando al número de salafistas activo en Francia (15.000 en ese momento)— que «la confrontación es inevitable». Ahora uno de ellos ha atacado «el sistema» desde dentro.
«El ataque a la jefatura de la policía se puede considerar el más grave en nuestro territorio desde el 13 de noviembre de 2015», dice Thibault de Montbrial, presidente del Center for Internal Security, un think tank francés.
«En cuatro años, Francia ha sufrido varios atentados. Algunos han tenido un coste en vidas muy alto, como el de Niza en 2016. Pero el de la prefectura es de una naturaleza distinta: es el primer ataque con ‘fuego amigo’, donde un miembro de las fuerzas policiales ataca a uno de sus compañeros.»
En el núcleo de la agenda extremista, al parecer, hay una división. «¿Cómo una multitud de redes islamistas ha logrado crear enclaves ideológicos dentro de barrios populares?», pregunta el escritor Bernard Rougier en Les territoires conquis de l’islamisme (Los territorios conquistados del islamismo). El próximo libro documenta el funcionamiento de las redes islamistas en varios municipios, como Aubervilliers, Argenteuil, Tremblay-en-France y Mantes-la-Jolie.
Según el periodista francés Eric Zemmour:
En la calle, las mujeres con velo y los hombres con chilabas son propaganda de facto, una islamización de la calle, igual que los uniformes de un ejército de ocupación recuerdan al derrotado su sumisión. El antiguo tríptico de «inmigración, integración, asimilación» ha sido sustituido por el de «invasión, colonización, ocupación».
En 2016, un memorando interno de la policía reveló que entre 2012 y 2015 hubo muchos casos en que agentes de la policía de París que se comportaron o actuaron de forma radical, lo que preocupó a sus superiores. En uno de los casos, en 2016, un yihadista apuñaló a un comandante de la policía y su compañero en su casa en Magnanville, al oeste de París; y la policía francesa que está investigando a una mujer de la que sospechan que tiene vínculos con el ISIS descubrió una memoria USB que contenía los detalles personales, incluidas las direcciones particulares, de miles de policías franceses. ¿Quién proporcionó esa información?
La impresión general es que Francia está ahora abrumada por una proliferación de habitantes radicalizados. El terrorista que abrió fuego contra un mercado navideño en Estrasburgo en 2018 figuraba en la lista de vigilancia, al igual que los terroristas que atacaron el supermercado de Trébes y el hombre que asesinó a los niños judíos en un colegio de Toulouse. Aunque las autoridades francesas los conocían, fueron incapaces de detenerlos.
Parece haber una terrible falla de seguridad. Sin embargo, el problema en Francia es aún más profundo. Según un informe del Pew Center, para 2050 entre el 12 y el 18% de la población de Francia será musulmana. Las conversiones al islam están aumentando. El extremismo se está convirtiendo hasta tal punto en parte integral del país que, según el historiador Pierre-André Taguieff, para muchos ciudadanos franceses el yihadismo se ha convertido en una «atracción». Hay varios pueblos del área rural francesa adonde los conversos y los fundamentalistas se retiran a practicar una forma «pura» del islam.
Rindiendo homenaje a las víctimas de los atentados en los cuarteles de la policía de París, el presidente Emmanuel Macron declaró que Francia debe combatir la «hidra» de la militancia islámica.
El problema es que Francia, durante años, ha estado en un estado de negación sobre la proliferación del islam radical. «En algunos distritos, Francia aspira a convertirse en república islámica», dijo el escritor argelino Boualem Sansal.
Le Monde, el periódico más prestigioso de Francia, publicó un artículo de opinión después del reciente atentado acusando al país de «macartismo islamófobo». Harpon, el terrorista que asesinó a sus compañeros en la jefatura de la policía, habría estado de acuerdo: compartió artículos que decían que Francia es «uno de los países más islamófobos de Europa»; tan islamófobo, de hecho, que incluso Ahmed Hilali, el imam radical que estaba en contacto con Harpon, había recibido una orden de deportación desde Francia por sus ideas extremistas, pero la orden nunca se implementó.
Alexis Brézet, editor de Le Figaro acuñó el término «dénislamisme» (negación del islam):
«¿Cómo es esto posible? ¿Cómo podría un terrorista islamista estar tan envuelto en el aparato del Estado, en el mismo corazón de la estructura de la policía que precisamente se supone que debe combatir las prácticas islamistas, perpetrar la masacre? El dénislamisme pone en peligro a los franceses. Desdibuja la percepción de la amenaza y desarma los espíritus. En un momento en que la movilización debería ser máxima, paraliza la lucha contra la infiltración islamista en nuestras democracias. El dénislamisme mata. No ganaremos la guerra que el islam radical nos ha declarado si seguimos andando con los ojos cerrados».
Fuente: Gatestone Institute
España
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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado
La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas
Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.
El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.
El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.
El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.
La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.
Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.
Modernización total
El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».
Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española
Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».
Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.
El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.
Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.






