España
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea dice que Junqueras tiene inmunidad parlamentaria
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea asegura que el exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras, condenado a 13 años de prisión por los delitos de sedición y malversación, goza de inmunidad por su condición de europarlamentario electo en las elecciones europeas de 2019.
Según asegura el TJUE, el líder de ERC debería haber sido reconocido como eurodiputado desde la proclamación oficial de los resultados de los comicios y gozado desde ese momento de inmunidad aparejada a esa condición.
Junqueras fue elegido eurodiputado el 26 de mayo si bien el Supremo no le permitió salir de prisión en medio del juicio para cumplir los trámites necesarios en España para adquirir la condición de parlamentario, por lo que no tomó posesión.
A petición de su defensa, el tribunal se dirigió al TJUE para saber si la inmunidad protege a los europarlamentarios desde que son elegidos o una vez tomen posesión y la cámara esté en periodo de sesiones.
Durante el último mes el TJUE ha tenido encima de la mesa un informe del abogado general del caso, el polaco Maciej Szpunar -cuya opinión es relevante pero no vinculante-, en el que concluía que Junqueras debería haber sido considerado eurodiputado desde la proclamación de los resultados.
A diferencia de la Eurocámara y la Comisión Europea, el abogado consideró que dicha condición se adquiere tras ser proclamado electo «independientemente de cualquier formalidad ulterior», si bien vinculaba la inmunidad al derecho nacional, es decir a la legislación española.
Sin embargo, recomendaba al tribunal que se declarara incompetente dado que sobre Junqueras pesa una condena de prisión e inhabilitación por lo que su decisión sería «inoperante».
Aunque la sentencia del TJUE solo se refiere al caso de Junqueras, sus argumentos podrían afectar a la situación del expresident Carles Puigdemont y del exconseller Toni Comín, que también fueron elegidos eurodiputados y que nunca han sido juzgados al estar huidos en Bélgica, actualmente a la espera de saber si son extraditados a España.
Pese a que tienen su propio procedimiento en el TJUE, su postura respecto a Junqueras les podría afectar hasta el punto que incluso podrían solicitar al juez belga que debe decidir sobre su entrega que preguntase al tribunal por su situación, lo que en la práctica se traduciría en una dilación en el tiempo.
De momento, el juez ya ha aplazado la vista sobre sus euroórdenes a febrero a expensas de que la justicia europea se pronuncie sobre la inmunidad que alegan.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
