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Religión

El Vaticano se rinde ante China

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Con el reciente acuerdo firmado entre el Vaticano y el régimen chino, el papa Francisco ha rendido parcialmente el control de la Iglesia católica china al Partido Comunista de China. En la imagen, la catedral del Sagrado Corazón de Guangzhú.
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Por Lawrence A. Franklin.- El papa Francisco ha renunciado al control parcial de la Iglesia Católica china a favor del Partido Comunista de China (PCC). Su Santidad ha accedido a conceder al Partido una considerable autoridad sobre asuntos de personal. Después de negarse durante décadas a dar a China el derecho a nombrar a los arzobispos católicos, como condición para la normalización de las relaciones, el Vaticano ha accedido finalmente a la demanda del régimen de permitir que el PCC tenga un papel decisivo en la selección de los arzobispos que dirigirán las diócesis católicas.

La concesión del Vaticano se produjo a pesar de la constante persecución del PCC de la Iglesia Católica en China, no oficial, independiente y clandestina. Sin embargo, el Vaticano, probablemente, no lo considere una derrota, sino un medio para alcanzar un fin. La jerarquía diplomática de la Iglesia Católica quizá confíe en que la verdad de su mensaje espiritual perdurará mucho tiempo después de que el PCC se disuelva en el cubo de la basura de la historia como han hecho otras ideologías totalitarias.

Que la Iglesia consienta a plegarse en su postura política independiente al aparato del Partido Comunista del régimen chino le da a Pekín la autoridad de nombrar ministros políticamente aceptables para el PCC. Al conceder a China este derecho, el Vaticano está reconociendo implícitamente que reconoce la legitimidad del instrumento del PCC del régimen para infiltrar y controlar el catolicismo romano en China, que es la Asociación Católica Patriótica China (ACPC).

El papa Francisco también restituyó a varios arzobispos afines al régimen a los que el Vaticano había excomulgado por su voluntad de seguir las directrices del Partido Comunista y abandonar su lealtad a la Iglesia en Roma. Por último, la burocracia de la Santa Sede también aceptó la demanda de Pekín de reducir y reestructurar las 137 diócesis de la Iglesia Católica en toda China.

Esta última concesión del Vaticano podría romper en pedazos la autoridad de varios arzobispos nombrados en secreto para algunas de estas diócesis eliminadas por el papa Francisco y otros papas anteriores. Durante casi 70 años, tras la toma del poder del PCC en China, los católicos nunca han acudido a las iglesias aprobadas por la Asociación Católica Patriótica China o las alineadas con el Vaticano. Algunos católicos incluso van a misas en domicilios particulares para evitar la vigilancia de los agentes del régimen.

Tras una serie de recientes reuniones entre la Santa Sede y la Administración Estatal para los Asuntos Religiosos de China, el papa Francisco mandó a una delegación a mediados de diciembre para que se reuniera con los principales arzobispos de la “Iglesia Clandestina” pro Vaticano y los funcionarios del Gobierno chino. La delegación estaba en China para dar “pasos efectivos” para ejecutar el acuerdo provisional que la Santa Sede ha alcanzado con China.

En realidad, la delegación papal podría haber ido a China a cerciorarse de que la aplicación final del acuerdo transcurría sin incidentes. En la delegación iba también el presidente emérito del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales del Vaticano, el arzobispo Claudio Maria Celli. El arzobispo llevaba un documento firmado por el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, y por el cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangalización de los Pueblos vaticana.

En la directiva papal de la delegación, se daban instrucciones a al menos dos destacados arzobispos católicos de la “Iglesia Clandestina” para que transfirieran o compartieran sus responsabilidades oficiales con los arzobispos aprobados por el PCC. Aunque la redacción exacta de la carta de la Santa Sede se mantiene en secreto, algunos observadores del Vaticano, presumiblemente reflejando la decisión del papa de revertir años de resistencia a las exigencias de Pekín, citaron algunas razones de esta cesión. En primer lugar, la Iglesia necesita probablemente eliminar la confusión entre los católicos de China por el cisma entre los arzobispos aprobados por el Vaticano y los aprobados por el régimen. Otra posible razón de la postura aparentemente flexible del Vaticano es que sería necesario un acuerdo Iglesia-Estado para mejorar la atención sacerdotal a los feligreses católicos existentes. Esta decisión del Vaticano de no publicar la carta, sin embargo, puede indicar que el régimen también está exigiendo que la Santa Sede rompa relaciones con Taiwán para poder normalizar unos lazos diplomáticos con China. Esta suposición se basa en el carácter de los acuerdos previos de Pekín que establecen relaciones bilaterales con otros países, incluido Panamá. Otros países que rompieron lazos con Taiwán para poder abrir embajadas en China son el pequeño país africano Santo Tomé y Príncipe y El Salvador. El requisito por el cual los países que quieran tener relaciones oficiales con China deben cortar primero las relaciones diplomáticas con Taiwán reside en lo que Pekín llama su política de “Una sola China”.

La China comunista considera Taiwán parte integral de China, y por lo tanto rechaza la afirmación de Taiwán de que representa al Gobierno legítimo de China.

Los funcionarios de relaciones públicas del Vaticano parecen haber intentado mostrar su mejor actitud posible ante el acuerdo con Pekín. Gregory Burke, el recién dimitido director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, dijo que este pacto con el PCC tenía un sentido pastoral, no político, lo que implica que ayudaría a unificar a los católicos chinos. El Vaticano, sin embargo, en un aparente esfuerzo para acabar con las especulaciones, se negó a responder a las preguntas sobre si el acuerdo es un primer paso para establecer relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República Popular China. Alrededor de la mitad de las 98 diócesis no cuentan con un arzobispo aprobado por el Vaticano, y por lo tanto sus parroquias no tienen clérigos para administrar a sus feligreses. Es evidente, por la campaña de acoso anticatólico de Pekín, que los dirigentes del Partido Comunista están decididos a cooptar, si no destruir, la independencia de la Iglesia en China. El hostigamiento del régimen incluye el envío de policía de seguridad interna para despojar a las iglesias de sus estatuas y la retirada de las cruces de los campanarios. A veces se confiscan Biblias, si se ven en público. Se celebran a menudo misas en domicilios privados para evitar la vigilancia del Estado. Una vez, a principios de 2018, se demolió una iglesia católica entera, lo que llevó a sus feligreses a protestar en la calle.

Tal vez al Vaticano le preocupe en privado que la persistente oposición del PCC pueda complicar los esfuerzos de evangelización de la población china. El deseo del Vaticano de llegar a un acuerdo con Pekín también podría ser, en parte, una reacción a los intentos del régimen para sembrar la discordia en la Iglesia al apoyar a la Asociación Católica Patriótica China como iglesia alternativa. Con el aval del presidente Xi Jinping, en el congreso del Partido Comunista Chino celebrado el 19 de octubre de 2018, Pekín lanzó una campaña de “sinización” para alinear a todas las regiones con la cultura y los valores chinos. Esta táctica del Gobierno está probablemente diseñada par cooptar o contener el crecimiento de una Iglesia Católica independiente, facilitando así el control de la religión en China por parte del Partido Comunista. Una información sostiene que la evangelización católica de la población china se está estancando, en agudo contraste con la rápida expansión del cristianismo protestante en el país. Esta disparidad subraya la importancia de la presencia del cardenal Filoni en la delegación vaticana que visitó a los arzobispos católicos de China: Filoni es el responsable de las campañas de evangelización del Vaticano a nivel mundial.

El pacto del Vaticano con Pekín ha provocado bastantes e intensas críticas de destacados intelectuales católicos y de cruzados de los derechos sociales. Joseph Zen, cardenal de Hong Kong retirado, criticó duramente el acuerdo diciendo que era “una traición increíble”, equivalente a “dar el rebaño a los lobos”. La directora en China de Human Rights Watch, Sophie Richardson, afirmó que “el papa ha dado al líder chino, el presidente Xi Jinping, su sello de aprobación, cuando la hostilidad de este último hacia la libertad religiosa no podría ser más clara”.

Incluso mientras Pekín y el Vaticano negociaban el futuro estatus de la Iglesia Católica en China, el régimen comunista siguió presionando a la Iglesia Católica Clandestina para que prosiguiera con sus esfuerzos para lograr que el Vaticano accediera a los deseos del Estado sobre la administración de la Iglesia Católica en China. El Gobierno hostigó y arrestó al arzobispo Joseph Guo Xijin durante las negociaciones, prolongadas durante años, entre la Santa Sede y China. Durante las conversaciones, otro prelado católico de 88 años, el arzobispo Peter Zhuang, afín al Vaticano, fue llevado ante la presencia de funcionarios del Partido chino, donde fue coaccionado para que se retirara de cara al acuerdo entre el Vaticano y China.

Quizá quien mejor describió la verdadera intención del régimen comunista fue el padre Paul Mariani, experto en la China jesuita de la Universidad de Santa Clara, en diciembre de 2018:

“El Gobierno no ha renunciado a sus esperanzas de control. Quieren que la Iglesia sea otro instrumento del Estado. Eso es común en China, en los sindicatos o las ONG: todas tienen que plegarse al Partido en algún grado”.

El Vaticano quizás aprenda por las malas que el Gobierno del Partido Comunista no cumple sus acuerdos. Pekín podría intentar sonsacar aún más concesiones del Vaticano, al igual que el régimen chino exige cada vez más renuncia de soberanía a las empresas occidentales que hacen negocios en China. Estas exigencias pueden incluir el requisito de formar empresas conjuntas con una compañía china, donde China es el socio mayoritario, la exigencia de que todos los datos clave se almacenen de forma local, o suprimir cualquier lenguaje al que ponga reparos Pekín.

Es también sumamente dudoso que el Vaticano compre la paz con este pacto: el régimen seguirá persiguiendo a la Iglesia. Si el régimen comunista sigue fiel a su estilo, se retirarán miles de cruces más de las iglesias cristianas, especialmente en las áreas con una cifra alta de población cristiana. En 2015, en la provincia de Zhejiang, al sureste de Wenzhou, donde uno de cada ocho ciudadanos es cristiano, se arrancaron a la fuerza 1.200 cruces de sus anclajes.

El único beneficio probable que el Vaticano podría extraer de este pacto a la muniquesa con el régimen chino podría ser una invitación oficial al papa para visitar China. Ese privilegio, sin embargo, podría verse superado por el potencial perjuicio al futuro del catolicismo en China. Los valientes ancianos del catolicismo chino, que han soportado décadas de persecución gubernamental y los intentos del régimen de dividir a la Iglesia, podrían ver cómo el Vaticano soslaya a sus feligreses. Muchos católicos chinos, al darse cuenta de que su jerarquía fue fusionada a regañadientes por el Vaticano con la iglesia controlada por el Estado, podrían replegarse a sus domicilios particulares para celebrar misas católicas. Es probable muchos católicos chinos, si no la mayoría, vean este acuerdo como una cínica traición política del Vaticano, en lugar de una decisión basada en la fe.

El eminente escritor católico estadounidense George Weigel resume así los anteriores fracasos del Vaticano en sus políticas de negociación con regímenes totalitarios:

A la luz de este deprimente historial, parece que la prudencia y la cautela estaban a la orden del día en las negociaciones del Vaticano con los totalitarias autoridades de Pekín, en cuyo más reciente Congreso del Partido la religión volvió a declararse uan vez más enemiga del comunismo.

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Cardenal Sarah: “La Iglesia no puede colaborar en esta nueva forma de esclavitud que es la inmigración masiva”

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Infovaticana.- En una entrevista concedida a la publicación francesa Valeurs Actuelles, el cardenal guineano Robert Sarah, prefecto para el Culto Divino, arremete contra quienes quieren imponer la inmigración masiva como un imperativo evangélico.

“Es una falsa exégesis utilizar la Palabra de Dios para valorizar la migración”, asegura, contundente, el cardenal Sarah en una entrevista concedida a la publicación francesa ‘Valeurs Actuelles’. “Dios nunca ha querido estos desarraigos”.

Las palabras de Su Eminencia resultan especialmente valientes en un momento en el que, desde la Curia romana hasta la abrumadora mayoría de las conferencias episcopales de Occidente, están convirtiendo la defensa de la inmigración masiva e indiscriminada en un caballo de batalla, normalmente acompañada de citas evangélicas y la insinuación (o la declaración explícita) de que quien piensa lo contrario “no es cristiano”.

Muy al contrario, Sarah -cuya condición de subsahariano le da una particular autoridad en este asunto- lanza la voz de alarma contra este novísimo fenómeno. “Esta voluntad actual de globalizar al mundo suprimiendo a las naciones, las especificidades, es una locura total”, afirma. Y en cuanto a las analogías bíblicas, recuerda que el pueblo judío “tuvo que exiliarse, pero Dios lo condujo de nuevo a su país. Cristo tuvo que huir de Herodes y refugiarse en Egipto, pero volvió a su país cuando Herodes murió”.

La identidad, la pertenencia, son importantes para Sarah. “Cada uno de nosotros debe vivir en su país. Como un árbol, cada uno tiene su terreno, su ambiente donde crece perfectamente. Más vale ayudar a las personas a crecer en su cultura que animarlas a venir a una Europa en plena decadencia”.

Sarah ve en lo que está sucediendo, eso mismo que se aplaude desde tantos púlpitos, como una nueva esclavitud, algo que no solo es negativo para el país de acogida, sino muy especialmente para los supuestos ‘beneficiados’: “Todos los inmigrantes que llegan a Europa están hacinados, no tienen trabajo, ni dignidad… ¿Es esto lo que quiere la Iglesia? La Iglesia no puede colaborar en esta nueva forma de esclavitud en que se ha convertido la migración de masa”.

Pero mientras que el destino y los riesgos que corren los migrantes son personales, afectan solo a los individuos cegados por el espejismo de Occidente, para Europa supone un riesgo existencial. “Si Occidente continúa por este funesto camino, hay un gran riesgo de que, debido a la falta de natalidad, desaparezca, invadido por los extranjeros, como Roma fue invadida por los bárbaros”, dice Sarah, y añade: “Hablo como africano. Mi país es mayoritariamente musulmán, creo saber de qué realidad estoy hablando”.

Por otra parte, para Sarah Europa y su civilización no son como cualquier otra, tiene una misión especial encomendada por Dios y su desaparición sería un desastre para el mundo entero. “Dios no cambia de opinión”, asegura. “Dios ha dado una misión a Europa, que acogió al cristianismo. Y los misioneros europeos han proclamado a Cristo hasta los confines de la tierra. Y no fue una casualidad, era el plan de Dios. Esta misión universal que Él le dio a Europa cuando Pedro y Pablo vinieron a instalarse en Roma, a partir de la cual la Iglesia ha evangelizado a Europa y al mundo, no ha terminado. Pero si nosotros le ponemos una fecha límite hundiéndonos en el materialismo, el olvido de Dios y la apostasía, entonces las consecuencias serán graves. Si Europa desaparece, y con ella los valores inestimables del viejo continente, el islam invadirá el mundo y nuestra cultura, nuestra antropología y nuestra visión moral cambiarán totalmente”.

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¿Qué se celebra el día de la Asunción de la Virgen?

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Hoy se celebra en España la Asunción de la Virgen. Además de ser una jornada de puente a nivel nacional, el calendario sitúa este día de descanso en una fiesta cristiana. Pero, ¿qué se celebra el día de la Asunción de la Virgen? Se trata de un dogma de la Iglesia católica que el Papa Pío XII promulgó en 1950.

Esta verdad de fe del catolicismo establece que la Virgen fue “asunta al Cielo” al término de su vida terrenal, es decir, que su cuerpo y su alma fueron llevados al Paraíso.

El Dogma no especifica si la Virgen pasó por la muerte o fue un momento de tránsito, sino que, pasara lo que pasara, fue asunta al cielo. El sacerdote y periodista, Jesús Luis Sacristán aclara que no hay que confundir la Asunción de la Virgen con la Ascensión de Cristo. “Ella es la Madre de Dios, pero no tiene poder para subir. Es el Hijo, por su poder divino, el que hace subir a María al cielo”, explica.

La Iglesia primitiva de Jerusalén – de los primeros tiempos – y varios Padres y Doctores de la Iglesia han sido grandes defensores de este dogma. San Agustín o San Juan Crisóstomo han sido algunos de sus valedores, entre otros. Ellos consideraron que “el cuerpo de María siguió al instante a su alma cuando subió al cielo”, confirma Sacristán. Ese legado es el que se ha perpetuado hasta la promulgación del dogma de fe por Pío XII en los años 50.

El relato de la Asunción de la Virgen

La historia de la Asunción de la Virgen que se recoge en la tradición popular – en la que la Iglesia no entra a valorar – cuenta que los apóstoles de Jesús se encontraban en Jerusalén, a excepción de Santiago – que ya había muerto mártir – y Tomás, que se encontraba evangelizando en La India. Los seguidores de Cristo velaban los últimos momentos de vida de la Virgen María, en casa de Juan, otro de los apóstoles.

Cuando pensaron que la Virgen ya había fallecido, los discípulos le cerraron los ojos y la llevan al sepulcro. Poco tiempo después, regresó Tomás a Jerusalén y solicitó ver el lugar de descanso de la Madre del Maestro.

El motivo, cuenta el religioso de COPE, es que “quería comprobar con sus propios ojos un hecho que había visto volviendo de La India y es que, por el camino, había visto a lo lejos a la Madre del Maestro ser llevada entre ángeles fulgurante hacia el cielo”. Así, cuando entraron al sepulcro, no había rastro alguno de María.

Hay otras tradiciones del fervor de los fieles que se han ido extendiendo a lo largo del tiempo, como el Misterio de Elche, un auto religioso no sacramental, que recrea la muerte de la Virgen y su tránsito al cielo, el Misterio de la Selva, en la Selva del Camp, en Tarragona. Otras celebraciones en honor del dogma son los tálamos de la Virgen, en Mallorca, donde se hace la exposición de imágenes de la Virgen dormida en la Catedral de Palma de Mallorca y en diversas iglesias de la diócesis, las llamadas “vírgenes durmientes”.

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Colaboraciones

Carta a un sacerdote

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José Francisco Serrano Oceja.- El Papa Francisco, con motivo del 160 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, te ha escrito el domingo pasado una sentida carta de agradecimiento por ese servicio que prestas «sin darte importancia». En las últimas semanas hablamos de dos cuestiones que te preocupan. La primera, el incremento de insultos y desprecios que recibes últimamente. Hace unos días, un señor de mediana edad, al darse cuenta de tu alzacuellos, se volvió y te llamó «pederasta».

También me comentas que percibes un escaso reconocimiento de tu ministerio cotidiano. Confiesas con estupor que el modelo hoy en boga, incluso para determinadas jerarquías, es el de los sacerdotes que se dedican a las causas sociales adecuadamente aplaudidas por determinados sectores sociales. Sacerdotes que aparecen con un megáfono en todas las reivindicaciones habidas y por haber, que se caracterizan por declaraciones llamativas y no precisamente sobre la gracia, el pecado, los sacramentos, la religiosidad popular, la escucha incansable del sufrimiento ajeno. Sacerdotes que solo abren la iglesia por las tardes y los fines de semana, que no parecen dedicar tiempo a la catequesis de niños o al confesionario. Confiesas que nadie sabe lo que tú haces por lo pobres que te rodean y que seguirán sin saberlo. Quizá, me dices, todo esto tenga que ver con la vuelta de interpretaciones del sacerdocio alternativas a cuanto la Iglesia ha ido comprendiendo a lo largo de su historia. Propuestas como el sacerdocio «ad tempus», el acceso al sacerdocio de la mujer y la abolición del celibato.

Querido amigo sacerdote. No te preocupes. No tengas miedo. Recuerda lo que san Juan Pablo II dijo en su catequesis sobre el sacerdocio del 31 de marzo de 1993: «La ontología profunda de la consagración del orden y el dinamismo de santificación que comporta el ministerio excluyen, ciertamente, toda interpretación secularizante del ministerio presbiteral, como si el presbítero se hubiera de dedicar simplemente a la instauración de la justicia o a la difusión del amor en el mundo».

Ah, y gracias por estar siempre ahí y ser así, sacerdote de alma y cuerpo entero.

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