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Europa

El vicealcalde de Neuilly-sur-Seine (París) cuestiona que el incendio de la catedral de Notre Dame haya sido un accidente

Redacción

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Cuando apenas existía información y el fuego que ha devastado la catedral de Notre Dame estaba todavía descontrolado, las autoridades galas lo primero que hicieron fue anunciar la accidentalidad del incendio. El relato oficial pudo el foco en una supuesta negligencia de los trabajadores que realizaban trabajos de reforma en el templo parisino, uno de los principales iconos de la Cristiandad.

A la hora de producirse el suceso, Emmanuel Macron se encontraba aislado en su despacho tratando de dar forma al discurso televisivo más importante en sus tres años de mandato y que iba a pronunciar esa misma noche. Si discurso estaba destinado a calmar las revueltas de los chalecos amarillos y a detallar las medidas que iba a poner en marcha para devolver la tranquilidad a las calles del país. El incendio de Notre Dame provocó la cancelación de la emisión televisada. ¿Casualidad?

A las 20.30 horas de este lunes, la cadena Fox News entrevistó a Philippe Karsenty, vicealcalde de Neuilly-sur-Seine (una ciudad del área metropolitana de París). «Oirán la historia de la corrección política que les dirá que probablemente fue un accidente», afirmó Karsenty. Fox News interrumpió la entrevista de forma abrupta. Poco después Karsenty tuiteó: «La verdad saldrá a la luz».

Por su parte, el periodista Paul Joseph Watson escribió un artículo en Summit News e Infowars, en el que aseguraba que un trabajador había declarado que el incendio fue provocado.

Por el momento no hay ni una sola prueba que descarte la intencionalidad del incendio. Pese a ello, las autoridades galas se aferran a la versión de que el incendio está «potencialmente vinculado» a las obras de renovación del edificio, el monumento histórico más visitado de Europa.

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¿Sería descabellado defender la intencionalidad del suceso en un país que en las últimas semanas está sufriendo una ola de ataques contra iglesias católicas?

Este panorama de amordazamiento se acompaña con la pretensión de desarmar a los pocos que se atreven a informar con criterio propio, acusándoles de intolerantes y de sembrar el odio.

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España

Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado

La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas

Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.

El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.

El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.

El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.

La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.

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Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.

Modernización total

El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».

Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española

 

Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».

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Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.

El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.

Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.

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