España
.. Entre uno que no sabe inglés, y otro que lo está olvidando… Dos meses después de llegar a la Casa Blanca, Joe Biden y Pedro Sánchez aún no han hablado
El 20 de enero Joe Biden se convertía en el 46 presidente de Estados Unidos y en buena parte del mundo, sobre todo en Europa, se respiraba con alivio tras cuatro años de mandato de Donald Trump. También el Gobierno español, con su presidente Pedro Sánchez a la cabeza, expresó su esperanza de que la llegada del demócrata abriera una nueva era en las relaciones.
Sin embargo, dos meses después, la protocolaria llamada telefónica entre el nuevo presidente estadounidense y Sánchez sigue sin haberse producido. Ambos tampoco hablaron en las semanas que siguieron a la victoria de Biden en las elecciones del 3 de noviembre, como sí hicieron otros líderes mundiales.
Hasta la fecha, el único contacto destacado ha sido el mantenido por la ministra de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, Arancha González Laya, con el secretario de Estado, Antony Blinken, el pasado 16 de febrero. Dicha llamada se produjo después de que el jefe de la diplomacia estadounidense ya hubiera hablado con una treintena de ministros.
También Biden ha hablado con un buen número de mandatarios en estos meses, si bien es cierto que el ritmo al que lo ha hecho ha sido más lento que el de sus precedesores, ya que se ha volcado principalmente en la gestión de la pandemia y sus consecuencias económicas, puesto que Estados Unidos es el país más castigado por la covid-19.
El nuevo inquilino de la Casa Blanca ha tenido una primera toma de contacto con los principales aliados de Estados Unidos en los cinco continentes, aunque en este listado, además del presidente español también resulta reseñable que no haya hablado con el primer ministro de Italia -su socio en el G7-, si bien en estos dos meses ha habido cambio en el Gobierno transalpino y Mario Draghi llegó al cargo el pasado 13 de febrero.
En 2017, tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el primer contacto formal con el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se produjo el 7 de febrero. No obstante, ambos ya habían hablado previamente en diciembre de 2016, después de que el republicano ganara las elecciones.
Canadá y México
Biden inició su ronda de llamadas con líderes internacionales como marca la tradición hablando con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, el 22 de enero, mientras que con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, conversó el día 23.
El primer contacto fuera del continente americano se produjo ese mismo día, siendo el receptor de la llamada el primer ministro británico, Boris Johnson, cuyo país es uno de los principales aliados de Estados Unidos.
El turno para el primer líder dentro de la UE fue para el presidente francés, Emmanuel Macron, ya el 24 de enero, mientras que al día siguiente Biden habló con la canciller alemana, Angela Merkel. Tras ellos llegaron el presidente ruso, Vladimir Putin, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga.
Después de unos días sin nuevos contactos, el 3 de febrero el nuevo presidente conversó con el presidente de Corea del Sur, Moon Jae In, y con el primer ministro australiano, Scott Morrison. La siguiente llamada fue al primer ministro indio, Narendra Modi, el 8 de febrero, mientras que el día 10 se produjo el primer contacto con el presidente chino, Xi Jinping, muy esperado teniendo en cuenta la tensa relación mantenida por su predecesor con Pekín.
La primera llamada al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con quien Trump mantuvo una relación muy estrecha y que fue el artífice de los acuerdos de paz con varios países árabes, no llegó hasta el 17 de febrero.
El goteo de llamadas continuó el 23 de febrero, con el primer ministro de Irak, Mustafá al Kadhimi, y ese mismo día Biden mantuvo también una cumbre bilateral telemática con su homólogo de Canadá.
El 25 de febrero tuvo ocasión de hablar con el rey de Arabia Saudí, un importante aliado en el Golfo y con el que Trump mantuvo una estrecha relación, así como con el presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, el primer mandatario africano.
El mes de marzo arrancó con una cumbre con México, aunque por vía telemática, y el día 4 Biden habló con el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, primer mandatario iberoamericano con el que contactó al margen del presidente mexicano, si bien al presidente de Colombia, Iván Duque, le envió una misiva a finales de febrero.
El turno de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, no llegó hasta el 5 de marzo a pesar de que desde Bruselas se había venido expresando de forma reiterada el deseo de relanzar la relación trastlántica tras el distanciamiento registrado bajo el mandato de Trump.
Tras una cumbre virtual a cuatro con los mandatarios de Japón, India y Australia el 12 de marzo, su último contacto ha sido con el primer ministro irlandés, Micheal Martin, con quien mantuvo un encuentro telemático el 17 de marzo, coincidiendo con San Patricio, el patrón de Irlanda.
Biden ya había hablado con varios líderes internacionales, aunque no con Sánchez, tras conocerse su victoria en las elecciones del 3 de noviembre. Así, el 10 de noviembre conversó con Merkel, Macron y Johnson, a quienes siguieron en días sucesivos el primer ministro de Australia, el japonés y el presidente surcoreano.
Después le tocó el turno al Papa Francisco y posteriormente al entonces primer ministro italiano, Giuseppe Conte, el día 13. El antiguo vicepresidente tuvo también ocasión de hablar con la presidenta de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el 23 de noviembre.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
