España
España, arrastrada por el barro: Al toro no se le puede matar, al cordero sí. Los partidos musulmanes de Ceuta se oponen a una corrida de 6 toros en homenaje a La Legión, después de sacrificar 4.500 corderos
En 2020 se conmemoró el centenario de La Legión, al estar en plena pandemia, los festejos se aplazaron y se han intentado retomar este año, así, en la ciudad de Ceuta se ha propuesto instalar una plaza de toros portátil con capacidad para más de 4.000 personas en el centro de la ciudad, para lo que ya tienen el permiso de la administración autonómica, traer seis toros de «ganaderías legendarias» para ser lidiados por un solo diestro dando «protagonismo relevante» a La Legión. Además de un espectáculo ecuestre. O en otras palabras, celebrar el aniversario de La Legión con una corrida de toros goyesca, la polémica ya estaba servida.
PACMA Andalucía ha pedido al Gobierno de Ceuta que no se conceda el permiso porque «sería muy negativo para la marca de la ciudad», hasta aquí todo entra dentro de la ‘normalidad’ y chorrada animalista: se anuncia una corrida de toros y PACMA protesta.
Pero la sorpresa llega cuando los representantes de las dos formaciones musulmanas con escaños en la Asamblea de Ceuta, el MDyC y Ceuta Ya!, también se muestran indignadísimos por el tema. «Aquí, para atrás como los cangrejos», señalaba la diputada musulmana del MDyC Fatima Hamed, el secretario de Organización de Ceuta Ya!, Muad Ayadi, ha recordado que el Pleno acordó hace siete años declarar a la ciudad «libre de maltrato animal».
Las redes sociales, rápidamente, han corrido a recordarle a las dos formaciones musulmanas que en su la festividad que pone fin al mes sagrado de ayuno de Ramadán y da inicio a la pascua de Eid Al Fitr, se sacrificaron a más de 4.500 corderos, puesto que su tradición indica que la mañana del día de Eid al-Adha, después de la oración especial hecha 20 minutos después de la salida del sol, el jefe de cada familia es el responsable de sacrificar al animal.
Cómo no, la matanza de cerca de 5.000 animales a manos de musulmanes no llevó a los animalistas a protestar. Y efectivamente tiene bemoles que ahora los representantes políticos musulmanes protesten contra una corrida de toros, después de sacrificar a 5.000 corderos.
Pero hay que dejar atrás la chorrada animalista porque el asunto no va de corderos y toros, y cual de los dos animales es un ser sintiente y tiene derecho a vivir o morir. El asunto es, como hemos dicho en varias ocasiones, que Ceuta y Melilla han sido vendidas por Pedro Sánchez a Mohamed VI y a Marruecos y que ambas ciudades están abandonadas a su suerte, y ojo, con la complicidad del partido socialista en bloque y del PP de Juan Jesús Vivas.
Merece la pena recordar que la llamada fiesta del cordero, donde se produce el sacrificio, ha sido por primera vez festivo en el calendario laboral de Ceuta y Melilla. Tanto, Eduardo de Castro, de Ciudadanos, que gobierna en Melilla gracias al apoyo de socialistas y de Coalición por Melilla, el partido pro-marroquí e islamista liderado por Mustafá Aberchán, como el pepero Juan Jesús Vivas, así lo facilitaron. Vivas felicitaba «en nombre de todos los ceutíes» a «nuestra querida comunidad musulmana», «por la finalización del mes de Ramadán, junto con los mejores deseos de salud y bienestar para todos».
Esto es un atentado más, una provocación entre muchas otras, en cuanto a la españolidad de Ceuta y Melilla. Es poner por delante las fiestas y costumbres de Marruecos sobre las de España, y encima si pueden ir en contra de la Fiesta Nacional y de La Legión, símbolos españoles, pues mejor. ¿Siguiente paso? desmilitarizar Ceuta y Melilla.
Y por cierto, seguimos esperando la respuesta del señor Vivas. Seguro que opone frontalmente a las peticiones de los partidos musulmanes, ¿a que no?
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
