España
España recibió en 2018 a más inmigrantes en patera que en los últimos 8 años juntos
Al menos 56.480 personas han logrado llegar a España tras cruzar en mar Mediterráneo, según los datos recopilados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) hasta el 28 de diciembre.
En 2018 se ha batido el récord de llegadas en patera a España al superarse las cifras registradas durante la ‘crisis de los cayucos’ de 2006, cuando 39.180 personas alcanzaron España por la vía marítima, principalmente a través de las Islas Canarias. Este año han llegado al menos 17.300 inmigrantes más que en aquella ocasión y, de hecho, España ha recibido en 2018 a más personas abordo de pateras que en los últimos ocho años juntos.
Según los datos oficiales consultados, desde el año 2010 hasta el 2017, un total de 56.243 inmigrantes accedieron a costas españolas a través de embarcaciones: unas 3.632 en 2010; 5.441 en 2011; 3.804 personas en 2012; 3.237 en 2013; 4.552 en 2014; 5.312 en 2015; 8.162 en 2016; y 22.103 en 2017. Sin embargo, sólo en 2018 lo han conseguido al menos 56.400.
Este año, las costas baleares y peninsulares han registrado la mayor parte de las llegadas de embarcaciones: de acuerdo a los últimos datos del Ministerio del Interior a fecha 16 de diciembre, llegaron en 2018 unas 53.032 personas en 1.918 embarcaciones, lo que supone un 164% más con respecto al año pasado.
Eso sí, la vía marítima que más ha crecido es la de las costas canarias, adonde han llegado 1.266 migrantes en 65 pateras, lo que representa un 204% más en comparación al año pasado, cuando lo consiguieron 416 personas.
La ruta migratoria del Mediterráneo hacia España ha sido la más activa este año, ya que representa más de la mitad de todas entradas irregulares a través de las fronteras en Europa en 2018, según la agencia de fronteras de la Unión Europea (FRONTEX).
Los nacionales de Marruecos, Guinea y Malí han representado el mayor número de inmigrantes que cruzaron esta ruta en 2018. Según datos de ACNUR a fecha 23 de diciembre, el 21% de los que han entrado de manera irregular en España es de Marruecos; el 20,8% de Guinea; y el 16,1 de Malí.
El número de inmigrantes que tomaron tanto la ruta del Mediterráneo oriental como la del Mediterráneo central ha bajado, aunque el número total de inmigrantes detectados en la oriental en los primeros 11 meses del año aumentó en un 30% debido a un aumento en los cruces en las fronteras terrestres, según FRONTEX. En el caso de la ruta central, en los primeros 11 meses de 2018 se redujo en un 80% en comparación al año pasado.
De acuerdo a los datos de FRONTEX, el número de cruces ilegales de las fronteras de la Unión Europea disminuyó un 30% respecto al año pasado. La bajada en el número de llegadas se debe principalmente a una menor presión migratoria en el Mediterráneo central y, a la espera de datos definitivos a cierre de año, 2018 es el año con menos cruces fronterizos irregulares desde 2014.
Por otro lado, la ruta terrestre hacia España -que contabiliza las llegadas a través del salto del vallado de Ceuta y Melilla pero también en los dobles fondos de vehículos y otras fórmulas- ha experimentado un aumento del 8,5% en 2018. De acuerdo a los datos de Interior, han entrado 6.505 personas por esta vía, mientras que el año pasado a fecha 16 de diciembre lo hicieron 5.995 personas.
Se han producido al menos 4.500 entradas terrestres por Melilla, lo que supone un aumento de alrededor del 15% con respecto al año pasado; mientras las realizadas a través de Ceuta han disminuido entorno al 5%, al contabilizarse entorno a 1.900.
Según datos de ACNUR, la suma de las entradas irregulares, tanto por la vía marítima como por la terrestre en 2018, asciende a 62.479, frente a las 28.350 entradas irregulares del año pasado. Así pues, el número total de entradas ilegales en 2018 en España supera las llegadas registradas en 2017, 2016 y 2015 juntos: el año pasado terminó con 25.786 llegadas ilegales ; el 2016 con 14.558; y 2015 con 16.292.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
