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España se despide de la Copa Davis por la puerta de atrás
Habían pasado 18 minutos y España estaba asistiendo al entierro de la Copa Davis. En el último partido con una serie en juego, antes de la revolución de 2019 liderada por Gerard Piqué, Feliciano López y Marcel Granollers habían encajado un doloroso rosco en el primer set en el decimocuarto partido juntos pero en su estreno en una eliminatoria.
Se sabía que Nicolas Mahut y Julien Benneteau están más conjuntados, son mejor dobles, tienen tres títulos en el circuito y todas esas cosas, pero ganar cuatro puntos en una manga es demasiado poco cuando López y Granollers sacan habitualmente primeros servicios a más de 200 kilómetros por hora.
Pero este sábado no fue su día y acabaron cediendo el punto definitivo de la semifinal por 6-0, 6-4 y 7-6(7), en 2 horas y 3 minutos. Feli perdió su saque nada más empezar y eso fue el principio del fin porque su compañero a mitad de pista pareció contagiarse de la situación.
Los españoles ganaron más puntos en el juego inicial de la continuación que en todo el set anterior. Habían estrenado su casillero a los 23 minutos. Sergi Bruguera intentaba animar a los suyos, que se adelantaron con un 0-1.
Mahut y Benneteau iban a la suya, sin ningún tipo de relajación ante una grada del estadio Pierre-Mauroy que estaba celebrando el pase a la final antes de tiempo. No se notó que la habitual pareja de Mahut es el lesionado Pierre-Hugues Herbert y tampoco que Benneteau había jugado su último individual en el reciente US Open.
A sus 36 años, los galos parecían haber llegado a la cita en su mejor momento. Esa situación se vivía a la inversa en el otro lado de la red donde Bruguera había tenido que improvisar el dobles por las lesiones de Rafael Nadal y Pablo Carreño.
Francia se clasifica para su decimonoveno final y por la majestuosidad del Pierre-Mauroy lo normal es que vuelva en noviembre a defender corona para intentar cerrar su historia en la competición con la undécima Ensaladera.
Benneteau, todo talento, se permitió el lujo de ganar un punto con un entrepiernas.
Los galos se limitaron a administrar su renta para decantar a su favor la segunda manga. Feli y Granollers, que debutaban en el torneo, pudieron maquillar el tanteo. Sumaron cuatro juegos y 27 puntos más que en el primer set.
Mahut y Benneteau no se vieron sometidos a ningún tipo de presión hasta la hora y 10 minutos. Fue entonces cuando España tuvo sus tres primeros oportunidades de rotura y tomó la delantera por 0-3 en el tercer asalto.
Yannick Noah pedía tranquilidad a sus jugadores. La alegría española se tornó en decepción cuando el dúo local pasó del 1-4 al 4-4. El desenlace acabó en la muerte súbita. Marcel salvó el primer punto de partido con un potente servicio pero entregó la siguiente jugada con doble falta. Benneteau tiró a la red una volea que daba el pase a la final. A la tercera fue la vencida para los franceses.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
