Opinión
España tiene el Gobierno que se merece
Dicen que cada país tiene el gobierno que se merece, y debe de ser verdad, a juzgar por los resultados.
España se encamina hacia el desastre, económico, político y social, como el Titanic hacia su hundimiento, mientras la orquesta no paraba de tocar en cubierta.
Una población absolutamente entontecida, y siento tener que decirlo, agilipollada por las televisiones, públicas y privadas, sin capacidad de raciocinio, meditación, etc., ha optado de entre lo malo, por lo peor.
No seré yo, por supuesto, quien pretenda enmendar la plana a nadie. Allá ustedes. El problema es que las consecuencias las vamos a pagar todos.
El presidente del gobierno en funciones, y se supone que nuevo presidente, es un bluf, es decir, una persona sin peso ni contenido intelectual. ¡Más o menos como el líder del PP, dicho sea de paso, pero este al menos no ha llegado a la Moncloa!
Una persona puede no estar preparada para dirigir un país, pero no pasa nada, si es capaz de rodearse de personas capaces, que suplan sus carencias.
Pero no es el caso de Sánchez, no, como tampoco lo fue de Zapatero.
Ambos, dos auténticos zotes en términos políticos y de gobernabilidad del Estado, hablando claramente –y con todo respeto hacia las personas, por supuesto-, posiblemente para ocultar su propia ignorancia, se han rodeado de gente todavía más inútiles que ellos, pero eso sí, con una fidelidad perruna, a prueba de bombas.
Fieles, eso sí, mientras el amo les de comida, pues caso de haber perdido las elecciones, ya me gustaría saber cuándo duraría esa fidelidad, repito, perruna.
Cuando una persona es limitada intelectualmente, y se rodea de otras personas, todavía más cortas, el resultado es, obviamente, catastrófico para todos.
Un extraño profesor, supongo que a tiempo parcial, de una universidad privada, dónde entró recomendado por Felipe González, gran amigo de su padre, a quien hizo director general, nada menos; que ha obtenido un extraño “doctorado en economía”, con una tesis no doctoral, plagiada de aquí y de allá, y consistente en un corta y pega; que ha sido muchos años culo parlante, sin hacer aportación valiosa alguna, y que fue consejero de Caja Madrid, callando ante su hundimiento, a manos de los políticos y sindicalistas, no parece la mejor carta de presentación para gobernar España, con sus 47 millones de “problemas”, la verdad.
Un presidente que ha estado diez meses mareando la perdiz, sin solucionar problema alguno, pero eso sí, creando muchos nuevos, y lo que es peor, utilizando todos los medios del Estado, la radio y televisión pública, etc., en su propio beneficio, realizando una campaña electoral durante casi un año, y encima pagada con el dinero de todos los españoles, sin saber o querer diferenciar entre lo público y lo privado, y rodeándose de indigentes mentales e intelectuales, cuándo no de arribistas, trepas y personas que creen que el fin (alcanzar el poder), justifica la utilización de todos los medios, por torticeros que éstos sean.
En definitiva, el pueblo español ha votado, en mi modesta opinión, repito, lo peor que podía votar.
Pero ya se sabe que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
En fin, disfruten ustedes lo que han votado. Y que les aproveche.
Abogado y escritor.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
