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España tumba a la poderosa Noruega y jugará la final del Mundial de balonmano ante Holanda

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La selección española femenina de balonmano ha hecho historia este viernes en Japón al clasificarse para la primera final de su historia de un Campeonato del Mundo tras ganar por 22-28 a la todopoderosa Noruega.

La selección española femenina de balonmano hizo historia este viernes al clasificarse para la final del Mundial de Japón y lo logró además con mucha autoridad tras batir por 22-28 a la todopoderosa Noruega, histórica ‘bestia negra’, domada por una excelsa versión de las ‘Guerreras’.

España abrió otra puerta más, como en 2008, cuando alcanzó su primera final continental, o en 2011, cuando ganó su primer bronce mundialista, o en 2012, con el bronce olímpico en Londres. Y lo hizo sin contemplaciones y ante el rival que más se le había atragantado, pero al que cortó las alas y terminó por desarbolar en una mágica segunda mitad.

El combinado nacional superó otra barrera y ahora buscará el domingo su éxito más grande ante otro enemigo de nivel como Holanda, verdugo de Rusia (33-32) y que será el último obstáculo para lograr un oro que conlleva un premio extra como el billete olímpico directo.

Carlos Viver tenía muy claro la receta para frenar al mejor equipo seguramente del siglo XXI y sus jugadores lo ratificaron. El 6-0 que había sido resquebrajado por Rusia el miércoles, fue un ‘muro’ de intensidad y de movilidad que desarmó a Oftedal. Sin su ‘cerebro’, el ataque posicional noruego no funcionó y cuando lo hizo, emergió la figura de Silvia Navarro, ‘enchufada’ desde el minuto uno y que echó el cerrojo con todo tipo de paradas, alguna de ellas de un mérito excepcional.

Pero no todo pasó por la defensa. El equipo nacional supo atacar con paciencia e inteligencia, y con ello le quitó su mejor arma a las nórdicas, su contragolpe, que apenas apareció. Sin sus ‘alas’, Viver había avisado que podrían estar en el partido, pero fue mucho mejor, gracias a las inspiración ofensiva liderada por Sandy Barbosa y Almudena Rodríguez, bien secundada por Alicia Fernández a la hora de manejar momentos complicados.

Desde el principio, España hizo sentirse incómodas a las de Thorir Hergeisson. Las pérdidas eran noruegas y eso permitió a las ‘Guerreras’ tener el control de la semifinal. Con Sandy Barbosa inspirada y Silvia Navarro ya dejando su sello, las de Viver abrieron brecha (6-10, min.19).

Pero Noruega, que estuvo casi una decena de minutos sin hacer gol, no iba a dar concesiones y se rearmó tras un tiempo muerto, encontrando la vía del gol a través de los extremos, sobre todo de Aune (4). Las triple campeonas del mundo llegaron a igualar, pero no lograron ponerse por delante al descanso (13-13).

El posible temor de que el desgaste de todo el campeonato y la intensidad de los primeros 30 minutos pasase factura a las españoles desapareció al instante. España continuó maniatando y volviendo a escaparse en el marcador (14-17, min.36) antes de asestar el golpe definitivo.

Silvia Navarro levantó una pared en su portería cuando sus compañeras dejaron algún resquicio y Almudena Rodríguez lideró un ataque que logró por fin conectar también con sus extremos. España se puso 18-24 a falta de poco menos de 15 minutos y el sueño se empezó a hacer realidad.

Faltaba por ver si los nervios podría hacer acto de aparición porque controlada Oftedal, el rival no veía portería, ni siquiera desde los 7 metros donde Darly Zoqbi también cumplió con su parte del trabajo. Alicia Fernández asumió la responsabilidad en un momento crítico con una doble exclusión y las ‘Guerreras’ no dejaron escapar el camino hacia la gran final.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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