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La cobardía de Florentino les da alas: Tsunami Democratic pide ahora que los jugadores del Real Madrid lleven una pancarta independentista
Florentino Pérez es el mejor ejemplo del empresario sin alma y sin más patria que los beneficios empresariales. Su calamitosa gestión deportiva se atenúa con sus logros económicos al frente del Real Madrid. A diferencia de presidentes como Ramón Mendoza o el mismísimo Santiago Benabéu, Pérez no parece ser consciente de la significación que, más allá de lo deportivo, tiene el Real Madrid para millones de españoles.
AD denunció ayer que el Real Madrid es el objetivo de Tsunami Democràtic y que Florentino Pérez no está dispuesto a impedir que el club que preside colabore en la difusión de la propaganda antiespañola prevista por los separatistas durante el clásico. La cobadía de Florentino está siendo proverbial. Los separatistas violentos lo saben y por eso han dado un paso más y ahora petenden utilizar a los jugadores del Real Madrid como instrumentos propaganísticos de la infame causa que defienden. La dignidad nacional nada vale paa el manamás de Concha Espina.
Lamentamos que no exista aún una reacción oficial del Real Madrid más allá de la de pedir que se garantice la seguridad de los jugadores. El fútbol español esta siendo dirigido por cobardes y traidores. Son capaces de vender el alma a los saudíes por algunos millones. Si no tuviesen tan perdido el norte, lo que de verdad debería haberles preocupado es el bochorno de que un partido de fútbol de la Liga española sirva de coartada a los separatistas para promover uno de sus aquelarres. Como recoge la historia en innumerables casos, el triunfo de los canallas suele ser conseciencia de la inacción de los cobardes. Florentino es uno de ellos.
‘Spain, sit and talk’
Tsunami Democratic sigue manteniendo la tensión de cara al Clásico que disputarán el Barcelona y el Real Madrid el 18 de diciembre en el Camp Nou. La plataforma concedió una entrevista a “El Món a Rac1” y estas fueron algunas de sus respuestas:
Suspensión del partido
“Esto es una decisión de la RFEF. Tsunami no ha pedido en ningún caso la suspensión del partido. Sólo que el campo sea un clamor con el mensaje ‘Spain, sit and talk’ (España, siéntate y habla). Sería curioso que al final fuera la RFEF y la Liga los que suspenden el clásico por segunda vez. Quizá son ellos los interesados que no se juegue. La pregunta, en todo caso, es para la RFEF”.
Petición al Barcelona…
“Tsunami ha trasladado al Barça (como lo hizo en el primer comunicado a los dos clubes) la propuesta que el mensaje ‘Spain, sit and talk’ fuera bien visible en el campo y las gradas al inicio del partido. Las fórmulas podían ser varias siempre garantizando la visibilidad. No ha habido respuesta positiva en este sentido. Aún así, Tsunami deja la puerta abierta que haya respuesta para poder hacer visible este mensaje, transversal y mayoritario en la sociedad catalana, por parte del Barça”.
… Y también a los jugadores del Barcelona y el Real Madrid
“Tsunami espera que como cualquier ciudadano se sumen a la acción de Tsunami para hacer evidente el mensaje que el Estado tiene que sentarse para hablar del derecho a la autodeterminación, libertad y derechos fundamentales”.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
