Opinión
Españoles, acaba la vida, y empieza la supervivencia

Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- Eran las 19.30 horas de Canarias, cuando me empezaron a llegar noticias de los resultados electorales. Echado en la cama donde durmió Franco la noche del 17 de julio, en el Hotel Madrid de Las Palmas de Gran Canaria, donde la habitación en la que pernoctó en esa histórica noche se conserva prácticamente intacta, hasta con el mismo mobiliario, reflexionaba con tristeza sobre qué destino, qué karma tiene mi Patria para que la Sinagoga de Satanás esté siempre asediándonos con sus pretorianos rojos, con sus milicianos desencadenados, con sus demonios desatados y sus monstruos infernales.
Y también meditaba sobre qué extraña casualidad me había llevado a vivir esa Noche de Walpurgis en el mismo sitio donde empezó la Cruzada que acabó con esa fauna satánica que hace 82 años se ejecutó un pucherazo antológico para destruir nuestra Patria y entregársela al Stalin de las Moscas. Y las alimañas que urdieron aquel golpe son exactamente las mismas que la noche de los muertos vivientes del 28-A, que volvieron para apoderarse de España.
¡Qué extraño destino! He estado infinidad de veces en Las Palmas, donde residí durante 10 años, y luego he vuelto allí en muchas ocasiones, pero nunca me había llevado el destino a hospedarme en la misma habitación que ocupó el Caudillo aquella noche histórica. No lo busqué deliberadamente, sino que mi alojamiento allí fue producto de un sinfín de circunstancias que se fueron alineando en un bucle espectacular, fruto del cual fue que, casi sin proponérmelo, acabé echado en la misma cama que él ocupó.
Enfrente de mí tengo una cómoda en la que el Generalísimo escribió el manifiesto del Alzamiento Nacional, y a su derecha hay otra, con un espejo encima, que también estaban allí aquella noche.
Echado allí, aguantándome la amargura, conteniendo mis infinitas ganas de llorar, sentía la presencia de mi General, su aliento, su intensa cercanía. Su espíritu estaba allí, conmigo, consolándome en mi profunda aflicción, dándome ánimos.
Cuando supe que la suerte de mi amada España estaba echada, huí de la terrible realidad, y me sumergí en webs donde se contaban las glorias de nuestro Caudillo. En mis oraciones, le supliqué que intercediera ante Dios para que las legiones angélicas nos auxiliaran en nuestra batalla contra este Apocalipsis que ya estaba entre nosotros, pero que recrudecerá sus batallas contra la hispanidad y la catolicidad.
Todo ha vuelto al punto de partida, en un fatídico “día de la marmota” terrorífico, en un desolador “juego de la oca” donde hemos vuelto al punto de partida. ¿Dónde estás, mi General? ¿Por qué, después de tanta guerra, tantos muertos, tanto sacrificio, tanto esfuerzo, tanta batalla, todo tu legado se ha sumido en las cloacas rojas, en los inexistentes meandros del electroencefalograma plano de un país que desde el infinito en el que lo pusiste se ha putrefactazo en el cero más absoluto, en una degradación de insoportable hedor, que llega a Marte? ¿Por qué, mi General, no suscitas una fuerza benéfica que los arrolle de nuevo, que los lance a los abismos del Averno?
En esta habitación pervive tu aura de invencibilidad, de patriotismo, de adoración nocturna. Franco, somos tus hijos, subiendo de nuevo hacia el Gólgota, con la espuerta de cal ya prevenida, con la muerte aleteando en las ciénagas del rojerío espúreo.
Tú sabrás por qué me has traído aquí esta noche nochera de lobos rojos y chacales morados, de licantropía sanchista, de apoteosis-Soros, donde un pueblo antaño nacionalcatólico se ha despeñado por las barrancas frentepopulistas. Porque estoy totalmente convencido de que eres tú quien me ha convocado a este cuarto, no sé si para consolarme, o para encarnar en mí alguna de tus proclamas.
No nos quedan espadas, ni estandartes, ni campanas, ni apenas rosarios… los obispos pasan de todo en sus palacios sonrosados, los generales organizan performances en Mogadiscio, los patriotas se despellejan con sus navajas cahicuernas, los presuntos católicos votan como locos a partidos abortistas, y la marabunta borreguil ahíta de la estulticia más grotesca ramonea entre terrazas cerveceras, sálvames y fútbol mientras Soros y sus escarabajos empujan a España –como si fuera una inmensa bola de estiércol– hacia las infectas escombreras del NOM.
Sí, aquí están otra vez los hijos de la grandísima república, los hijos de un dios menor –si creyeran en alguno–, los hijos de las tinieblas… Aquí están, después de haber ejecutado otro de sus alevosos pucherazos, de tal magnitud que sus resultados han superado incluso los del CIS del pucheril Tezanos, quien desde la primera de sus encuestas ya vaticinó lo que iba a venir… y todos le tomábamos a rechifla. Entonces, ¿nos creeremos ahora los resultados, que incluso superan sus predicciones? ¿Por qué sabían desde un comienzo lo que iba a resultar en los comicios? Por qué desde media hora después ya estaba todo el pescado vendido?
Escribí dos artículos sobre el pucherazo que se nos venía encima, y, por desgracia, no me equivoqué. Pero el balance final eriza el vello de la nuca, y un escalofrío de horror serpentea por mi espinazo.
Sí, “cuando me lo contaron sentí el frío”… como diría Bécquer. No voy a entrar ahora a describir la sofisticada tecnología que estos luciferinos han empleado para ejecutar su nuevo golpe de Estado. No, prefiero huir de esta barbarie y recordar a mi Caudillo, que algún día volverá, comandando legiones celestiales, codo con codo con san Miguel, con Cristo vencedor marchando en cabeza de un ejército que derrotará para siempre a toda la escoria frentepopulista.
Mirando el escritorio donde escribió Franco su histórico manifiesto, donde escribo estas líneas, este manifiesto en el que convoco a todos los españoles a resistir, a sobrellevar esta nueva travesía por el desierto, donde, después de sangre, sudor y lágrimas, arribaremos a una nueva Patria, con la ayuda de nuestro Caudillo.
Echado en la cama, en la misma cama de Franco, termino este manifiesto, parafraseando una frase de “Toro Sentado”: españoles, acaba la vida, y empieza la supervivencia.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






