Internacional
Estados Unidos rechaza el «derecho al aborto» en una enérgica carta a la ONU
«La ley internacional de derechos humanos no reconoce ningún ‘derecho al aborto’”, subraya el embajador de EE. UU. ante la ONU en Ginebra. Estados Unidos tacha el intento de extender el inexistente «derecho» al aborto como una «perversión del sistema de derechos humanos».
(Actuall).- Estados Unidos ha enviado una carta a la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la que rechaza de forma enérgica la existencia de un “derecho” al aborto. La carta, enviada el 11 de agosto y publicada en línea el día 25, tuvo como destinatarios a varias oficinas de la ONU como el Grupo de Trabajo sobre la Discriminación contra Mujeres y Niñas; el Relator Especial por el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental; y el Relator Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias.
La misiva fue enviada por la misión de Estados Unidos ante la sede de la ONU en Ginebra. Andrew Bremberg es el embajador estadounidense de esta representación.
“Hemos recibido su extraña e inexplicable carta del 22 de mayo de 2020 sobre las supuestas ‘restricciones tomadas en el contexto de la pandemia del coronavirus para impedir el acceso a los servicios de aborto’ en Estados Unidos”, dijo Bremberg en referencia a la crítica que el país norteamericano recibió después de que algunos de sus estados decidieron restringir ciertos procedimientos médicos no esenciales para detener el avance del coronavirus.
“Como titulares de mandatos sobre derechos humanos en las Naciones Unidas, ustedes son indudablemente conscientes de que la ley internacional de derechos humanos no reconoce ningún ‘derecho al aborto’”, escribió.
“Estados Unidos está decepcionado por esto y rechaza categóricamente este claro intento de tomar ventaja de la pandemia del coronavirus para afirmar la existencia de tal derecho. Esto es una perversión del sistema de derechos humanos y los principios fundacionales de las Naciones Unidas”, indicó el diplomático.
La carta recuerda que el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, dijo el 1 de junio en una misiva a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) que la Organización de las Naciones Unidas “no interviene en asuntos que están esencialmente dentro de la jurisdicción nacional de cualquier estado. Entonces, el cuidado de la salud es proporcionado con total respeto por las leyes nacionales. No promueve y mucho menos impone el aborto a nadie, tampoco pretende hacerlo”.
Estados Unidos está “particularmente decepcionado de que hayan elegido desperdiciar el tiempo y los recursos limitados de sus mandatos en tales suposiciones espurias, en vez de concentrar sus energías en áreas en las que su atención sería más apropiada y garantizada”, dijo Bremberg en la carta de agosto.
La carta estadounidense denunció, como ejemplo, los “verdaderos abusos contra derechos humanos” que ocurren en la provincia china de Xinjiang, donde el Gobierno mantiene a más de un millón de musulmanes uigures y otras minorías en campos de concentración donde sufrirían torturas y adoctrinamiento religioso, trabajo forzoso, así como abortos y esterilizaciones.
“Sin embargo el sistema de las Naciones Unidas –incluyendo el secretario general, el Consejo de Derechos Humanos y el Alto Comisionado para Derechos Humanos– ha estado muy calmado en este tema, incluso cuando pueden encontrar una amplia oportunidad para opinar sobre asuntos que son preocupación política estadounidense nacional”, escribió.
El lunes, durante un evento virtual con organizaciones civiles de mujeres, se le preguntó a Guterres qué se puede hacer para asegurar que “derechos críticos” –en referencia al cuidado de la salud reproductiva– sean protegidos durante la pandemia.
Guterres, haciendo alusión a la declaración de Beijing, dijo que “es claro que estamos presenciando un ataque muy fuerte”, en una aparente alusión a las objeciones de Estados Unidos y otros países.
La declaración de Beijing de 1995 resalta “12 áreas clave” en las que se incluye la salud reproductiva. Guterres dijo que la ONU trabaja para asegurar “que los gobiernos no se aprovechen del COVID19 para minar los derechos de la salud sexual y reproductiva” y que esos servicios deben estar aún disponibles.
En su carta de agosto, se indica que Estados Unidos y otros países “ven cada vez más al sistema de la ONU como totalmente roto” debido a su estatus de “guardianes autonombrados para considerar algunas preferencias políticas como ‘derechos’”.
“Al mismo tiempo vemos violaciones de derechos humanos y libertades fundamentales a gran escala que generan pocos o ningún comentario por parte de los mismos guardianes”, destacó Bremberg.
Publicado originalmente en CNA.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
