Sucesos
Estupor en Londres ante el asesinato a puñaladas de una menor
No es nuevo que Londres padece una epidemia de ataques de cuchillo desde hace más de un año y que los involucrados, en la mayoría de los casos y para mayor shock, son menores. Ya sean las víctimas o los atacantes, adolescentes de todas las edades se han visto envueltos en peleas o apuñalamientos de este tipo y, por eso, las autoridades se afanan en tratar de detener esta ola de cuchilladas. Pero la última historia de este tipo ha causado estupor en la sociedad británica por lo macabro del caso y por la peligrosidad de lo aleatorio del ataque.
La víctima, llamada Jodie Chesney, de 17 años, se encontraba en un parque londinense situado en Harold Hill, al este de Londres, junto a varios de sus amigos. Alrededor de las 9 de la noche, junto a su novio, se dirige a casa cuando dos hombres, aún sin identificar, le asestaron una puñalada mortal por la espalda sin mediar palabra y sin haber interactuado antes con ella.
La menor cayó en brazos de su novio y una vecina que oyó gritos salió a practicarle los primeros auxilios, pero no se dio cuenta de que tenía aún un cuchillo clavado en la espalda. Teresa Farenden, de 49 años, contó a la policía que quedó perturbada por la idea de que sus intentos de salvar a la adolescente podrían haber empeorado su condición. Trató de administrar reanimación cardiopulmonar y poner a Jodie en la posición de recuperación, pero todo fue en vano.
La policía asegura que el examen post mortem estableció que la causa de la muerte fue un traumatismo y una hemorragia.
Jodie es la adolescente número 65 asesinada en Londres en tres años. La naturaleza chocante y aparentemente aleatoria de este ataque ha provocado en la sociedad británica una respuesta inmediata por parte de las autoridades.
Scotland Yard anunció que se han intensificado las patrullas policiales tanto en la zona como en la capital. El alcalde de Londres Sadiq Khan, emitió una emotiva declaración sobre el caso y destacó la «trágica y absurda pérdida de vidas» que este tipo de ataques está causando.
La cifra es alarmante, Gran Bretaña se encuentra en medio de una ola de crímenes violentos, con un aumento de asesinatos con cuchillo del 34% en 2018, lo que supone alcanzar el nivel más alto registrado por la Oficina de Estadísticas Nacionales desde que se iniciaron los registros en su forma actual en 1946.
En la última semana doce heridos, más la muerte de la menor, por arma blanca y dos tiroteados en la capital británica. Un problema que no ocurre solo en Londres. De hecho, el jefe de policía del área de West Midlands ya ha catalogado este problema como «emergencia nacional» pidiendo al Gobierno más recursos para luchar contra ello.
Datos del Servicio de Salud Público británico aseguran que en los últimos años ha aumentado en un 93% el número de jóvenes atacados con cuchillo. La cifra de admisiones en hospitales o centros médicos de adolescentes con puñaladas pasó de 180 en 2012 a 347 en 2018.
El ministro del Interior Sajid Javid, presidirá esta semana una reunión programada de jefes de policía para discutir sobre esta oleada de delitos y para tratar de atajar el problema. Según Javid «están asesinando a jóvenes en todo el país y esto no puede continuar». El Gobierno ha condenado la «violencia sin sentido» que ha provocado un aumento en el número de adolescentes que son apuñalados hasta la muerte en todo el Reino Unido.
Una de las posibles soluciones la ha aportado el exdirector de Scotland Yard, Hogan Howe. Este, pide al Gobierno nombrar un cargo para «controlar» el problema, y que esa persona debería estar al mando de cómo se gestiona el dinero para reclutar policiales especializados en luchar contra esta lacra.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
