Sucesos
Los menores de edad suponen ya el 32% de los detenidos de bandas latinas
La actividad policial contra las bandas latinas ha crecido exponencialmente en los últimos años. Desde que hace ahora tres lustros se pusiera en marcha el trabajo especializado contra estos clanes asesinos en la Comunidad de Madrid, se viene produciendo un repunte del número de detenciones anuales. Es el caso de 2018, cuyas cifras totales arrojan, además, una realidad preocupante: del total de arrestos realizados, el 31,75% fueron de menores de edad. Los especialistas lo achacan a que estos grupos criminales «necesitan savia nueva». En la región hay entre 250 y 300 pandilleros latinos.
Concretamente, el año se cerró con 211 detenidos, de los que 67 (31,75%) son menores de edad. Contrasta con los 113 arrestos a integrantes de bandas en 2017, entre los que había 25 chavales con menos de 18 años, lo que suponía un 22,12%. «Está entrando gente más joven, porque se produce una labor de captación, al ser detenidos los cabecillas y demás miembros de las bandas», explica un experto policial. Ese proselitismo lo realizan de distintas maneras, desde los patios de colegios a zonas de botellones. Todo empieza muchas veces con una reunión en un parque, con conocidos de conocidos, o en una cancha deportiva, y el periodo de inmersión en estas bandas (que, recordemos, están catalogadas como asociaciones ilícitas por los jueces) es solo cuestión de tiempo.
En los menores de edad, destacan los que tienen entre 16 y casi 18 años; aunque bien es verdad que se han dado casos de niños de apenas 12 y 13 años que han participado en sucesos muy graves, aunque son inimputables. Es lo que ocurrió en el brutal asesinato en la calle de Peña Gorbea, en el Bulevar de Vallecas, en 2012: la Policía detuvo a diez adolescentes de los Dominican Don’t Play por matar a tiros a un varón de 16 años por relacionarlo con los Trinitarios.Entre los arrestados había tres que tenían 12 y 13 años.
En cuanto al incremento de detenciones, los propios policías achacan una parte a la operación realizada tras la ola de robos y atracos perpetrada por pandilleros durante las fiestas de San Isidro. En ella fueron arrestadas una treintena larga de personas. También hubo más de veinte en otra.En 2018 no se produjeron homicidios dolosos, aunque con matices. Estuvo el caso del dominicano muerto de un tiro cuando su hermano, también pandillero, manipulaba una escopeta, en el cuartel general de los Dominican Don’t Play, un piso de Abrantes. El que disparó ingresó en prisión provisional y está a la espera de juicio. La Brigada de Información y la de Policía Judicial investigaron juntas el asesinato de un chico brasileño, aunque finalmente se determinó que el asunto no tenía como trasfondo la guerra entre bandas.
Los grupos más activos, en este orden, son los Trinitarios y Dominican Don`t Play (ambos dominicanos), los Latin Kings y los Ñetas (ecuatorianos y peruanos, sobre todo). Y los barrios más victimizados, Usera, Vallecas, Villaverde, Tetuán, Carabanchel, Latina y Ciudad Lineal.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
