Sociedad
Federico Jiménez Losantos baraja la posibilidad de ruptura entre Iglesias y Montero
[H]ace ya tiempo que en España se especula sobre la posibilidad de divorcio entre Pablo Iglesias e Irene Montero. La relación personal y afectiva de los Marqueses no pasaría por un buen momento y estos inicios tendrían lugar coincidiendo con el primer confinamiento y estado de alarma.
De hecho, cuando la Ministra de Igualdad Irene Montero dio positivo en coronavirus y su marido tenía la obligación de confinarse, se le vio en el Consejo de Ministros y en apariciones públicas del Gobierno del Frente Popular, un detalle que hizo saltar las alarmas y las especulaciones sobre una ruptura conyugal y una no convivencia en el mismo domicilio familiar.
El otro detalle que llamó la atención de la prensa fue la estancia de Irene Montero en Asturias en verano, unas vacaciones alejada de su marido y del padre de sus hijos.
Estos días, el también director de Libertad Digital,Federico Jimenez Losantos, ha vuelto a abrir la caja de los truenos y durante su programa ‘La Mañana de Federico’, ha evaluado una posible ruptura de Irene Montero y Pablo Iglesias.
El locutor matinal de Es Radio valora la posibilidad de crisis o de divorcio de los Marqueses
“Solo por curiosidad, esto es un avance de la crónica rosa… ¿sigue Pablo en casa? Preguntar no es ofender. ¿Acaso Pablo no está en casa? Y si no está, ¿desde cuándo?”, dijo Losantos en referencia a Pablo Iglesias. Las palabras de Losantos sobre Pablo vienen tras las afirmaciones de Irene Montero de que se “siente sola” y que ella “sola” hacía las tareas del hogar.
“[…] Si por tener muchos niños en casa huyes del hogar, pues hacemos un pan con unas tortas. Un niño sin padre se educa muy mal, muy mal. O sea, ¿que la suegra sí y el padre no? ¡Cáspita, estoy atónito!”, añadía Losantos utilizando conceptos y mensajes progres a modo de ironía.
La decisión del hasta ahora vicepresidente del Gobierno del Frente Popular, Pablo Iglesias, de abandonar la Moncloa y el ejecutivo puede tener un claro significado: Pablo Iglesias quiere cambiar de aires y quiere un giro en su vida en todas las facetas de la misma.
Pablo Iglesias ha decidido presentarse a las elecciones de la Comunidad de Madrid representando a Podemos. El Marqués de Galapagar rivalizará con la actual presidenta Isabel Díaz Ayuso para intentar que la “ultra derecha” de PP y Vox llegue al poder. En este sentido, el del Moño ha propuesto a Más Madrid una coalición y una lista unitaria para enfrentarse al bloque de la derecha representado por Ayuso y por Rocío Monasterio.
Losantos vuelve a ser la ‘bestia negra’ del socialcomunismo. Sus palabras no han sido del agrado del entorno de Pablo Iglesias e Irene Montero que han respondido utilizando la misma estrategia de siempre: son las víctimas de los poderes de la derecha.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
