Sociedad
Muere una profesora, sin patologías previas, tras ponerse la vacuna de AstraZeneca
[L]as autoridades sanitarias y farmacológicas esperan a los resultados forenses para esclarecer las causas exactas de la muerte de una profesora de Marbella. La mujer murió este martes por una hemorragia masiva en el cerebro, tras casi 15 días enferma achacándolo a los efectos secundarios de la vacuna AstraZeneca. Aunque en un principio no se cree que la muerte sea consecuencia de los efectos secundarios de esta vacuna, se están investigando las causas del deceso para saber qué provocó el fatal desenlace de esta mujer de 43 años, a la que los centros donde trabajó recordaron con cariño en la redes sociales.
Fuentes de la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía han confirmado que están investigando el caso, por lo que han pedido «prudencia» a la población hasta que se conozcan todos los detalles del fatal suceso. Pese a que por el momento se insiste en que no se encuentra relación entre la vacuna y la muerte de la paciente, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (Aemps), dependiente del Ministerio de Sanidad, también asegura que ha abierto una investigación y está recabando datos sobre lo ocurrido.
La profesora, que daba matemáticas, según las fuentes, y tenía dos hijos, recibió la vacuna de AstraZeneca el pasado 3 de marzo, como muchos de sus compañeros. Al igual que otros tantos inmunizados, a las pocas horas de haber obtenido su dosis se comenzó a sentir mal. Acudió entonces a las Urgencias del Hospital Quirón de Marbella, donde le observaron cefalea y malestar general. Algo habitual entre los que tienen efectos secundarios por esta vacuna. Por eso, los doctores achacaron estos síntomas al medicamento contra el coronavirus.
Sin embargo, días más tarde, todo empeoró. El 13 de marzo, regresó al centro sanitario porque estaba mal. Allí, visto que no había mejoría, se le realizó un TAC sin ver nada extraño, pero en otro TAC al día siguiente, se observaba una hemorragia masiva en su cabeza. Trataron de drenarla con una intervención quirúrgica en la que se apareció un edema (líquido en el cerebro).
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
