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Feliciano López vuelve a tocar la gloria en Queen’s

Redacción

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El español Feliciano López, 113º del ranking mundial a sus 37 años, ganó por segunda vez en su carrera el torneo de tenis de Queen’s, tras superar este domingo en la final al francés Gilles Simon (38º) por 6-2, 6-7 (7/4) y 7-6 (7/2).

‘Feli’, que había sido ya campeón en Queen’s en 2017 tras ganar entonces la final al croata Marin Cilic, llegó en otra ocasión a la final de este torneo, en 2014, cuando cayó en el duelo decisivo ante el búlgaro Grigor Dimitrov. Es uno de los dos únicos españoles en haber sido campeón en Queen’s. El otro fue Rafael Nadal, en 2008.

El veterano tenista español se convirtió así en el jugador de mayor edad en ser campeón en Queen’s, con 37 años, 5 meses y 13 días. No es el de mayor edad en ganar un título ATP, ya que Roger Federer conquistó la cita de Halle este mismo domingo con 37 años, 10 meses y 15 días.

Feliciano es el primer jugador que entró al cuadro de este torneo con una invitación (‘wild card’) y que logra levantar el trofeo desde que Pete Sampras lo consiguiera en 1999. «No sé cómo lo he hecho.

Simon ha mejorado a medida que el partido avanzaba y no encontraba sus fallos. Afortunadamente el ‘tie-break’ final cayó de mi lado», declaró el triunfador del día. «Pensaba que el mejor momento de mi carrera fue en 2017, cuando gané aquí. Pero no lo era porque lo es ahora», añadió.

La semana había empezado muy convulsa para el tenista español, con la publicación en la prensa de su nombre como investigado por un caso de amaño de partido en Wimbledon 2017, algo que él negó categóricamente.

Por su parte, Gilles Simon se estrelló ante la ‘maldición francesa’ en Queen’s, donde ningún tenista de ese país ha podido ser nunca campeón. Antes que él otros cuatro franceses habían disputado la final, perdiendo también en el duelo decisivo, Guy Forget (1995), Sebastien Grosjean (2003, 2004), Nicolas Mahut (2007) y Jo-Wilfried Tsonga (2011). «Estoy cansado. Ha sido agotador jugar todos los días. Fue una final bonita. Es duro para mí perder tras un esfuerzo sí, pero él jugó mejor en los momentos decisivos», admitió Simon, exnúmero seis mundial.

El torneo ATP de Queen’s, en Londres, es una de las citas preparatorias para Wimbledon, se disputa sobre hierba y reparte dos millones de euros en premios.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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