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El Mallorca firma una gran remontada y asciende a Primera a costa del Deportivo
El Real Mallorca regresó esta noche a Primera división después de encadenar dos ascensos consecutivos con Vicente Moreno (Valencia 26-10-1974) como protagonista de un milagro pocas veces visto en el fútbol español. El entrenador, que en 2015 ya condujo al Nástic de Tarragona a la élite, no tuvo dudas dos años después cuando Robert Sarver, el propietario, y Maheta Molango, consejero delegado, le presentaron su proyecto y le ofrecieron el banquillo del club balear, que entonces penaba en el pozo de Segunda división B. Una complicadísima categoría de la que el técnico consiguió sacar al equipo el pasado curso en un inolvidable duelo en el estadio del Mirandés. Sin despertar aún del sueño, solo una temporada después, Vicente Moreno repitió este domingo la hazaña al igualar la ventaja lograda por el Deportivo en el partido de ida (2-0) y colocó al conjunto balear en la mejor Liga del mundo. Un doble salto desde Segunda B a Primera división con el sello de la NBA que fue certificado anoche gracias a los goles de Budimir en la primera parte y de Salva Sevilla y Abdón Prats tras el descanso. La victoria ante los gallegos provocó la locura en Son Moix, con invasión de campo incluida, y desató la gran fiesta que llevaba esperando la afición isleña desde hace años.
Las Islas Baleares vuelven a tener fútbol de Primera de las manos de Vicente Moreno y de Robert Sarver, propietario de los Phoenix Suns desde enero de 2016 y el hombre que apostó por el técnico cuando Maheta Molango propuso el nombre del valenciano para sacar al equipo de Segunda B tras el descenso al final de la temporada 2016-17. Un palo duro de asumir que no asustó a Sarver después de su entrada en el Real Mallorca asesorado por Steve Nash, célebre estrella de la NBA.
Nombrado dos veces «MVP» de la NBA y retirado en 2014 como uno de los mejores bases de la historia, donde figura como el tercer máximo asistente, Nash comenzó a encariñarse de las Islas a través de su mujer, que de pequeña veraneaba en Fornalutx, localidad del norte de Mallorca. Miembro del mismo grupo inversor del que forma parte el propietario de los Suns, el equipo en el que desarrolló la mayor parte de su carrera, Nash y Robert Sarver compraron el Real Mallorca en 2016 junto al extenista Andy Kohlberg, el ahora presidente. Anoche pudieron celebrar el ascenso a Primera división, la meta que les llevó a tomar el control de un club que arrastraba importantes deudas económicas. Desde su llegada han inyectado ya más de 30 millones de euros para asegurar la continuidad de una entidad que con el ascenso, celebrado en el palco por Rafael Nadal, ve despejarse el futuro.
Nash, accionista y consejero, se ha convertido en el mejor embajador del Real Mallorca, un club en el que la parcela deportiva corresponde a Maheta Molango, un exfutbolista que pasó por los equipos inferiores del Atlético de Madrid, y que militó en clubes de las Islas Británicas de segunda fila como Brighton, Oldham o Wrexham. Él es el encargado del día a día del club y la conexión con Robert Sarver.
El quinteto del ascenso
Sarver, Nash, Kohlberg, Molango y Vicente Moreno, el quinteto del ascenso junto a una plantilla que a lo largo de la temporada se ha hecho fuerte en Son Moix, donde el Deportivo dejó escapar esta noche los dos goles de ventaja que consiguió en Riazor. El aliento de un Son Moix que vibró como hace años no lo hacía fue determinante, primero, para remontar el 2-0 que traía el Dépor de Riazor, y después, para impulsar a un grupo de jugadores que luchó hasta la extenuación durante los 90 minutos. El partido tuvo de todo. Dramatismo y emoción cuando Abdón Prats marcó el tercero, el gol del ascenso, éxtasis y emoción a raudales cuando miles de aficionados celebraron la gesta en el césped y al grito de «A Primera, oé,oé».
El partido fue intenso de principio a fin. El equipo balear intentó ponerle una marcha más a su juego desde el principio ante un rival que salió con la intención de dormir el partido y dejar que pasaran los minutos con el objetivo de no poner en riesgo la cómoda ventaja que traía de la ida.
Los dos equipos afrontaron el choque con las bajas de Marc Pedraza y Álex Bergantiños, protagonistas de la desgraciada acción en Riazor, que culminó con el mallorquinista sancionado con dos partidos, y el deportivista, con 70 puntos de sutura en sus labios. Vicente Moreno decidió prescindir del argentino Leo Suárez y del mallorquín Abdón Prats, titulares en Riazor, para dar entrada al canario Aridai Cabrera y al croata Ante Budimir.
José Luis Martí, por su parte, dejó en el banquillo a Fede Cartabia, autor del primer gol de su equipo en A Coruña. Cada acción ofensiva de los mallorquinistas, cualquier duda en las filas visitantes que hicieran abrigar esperanzas de que el primer gol estaba cerca, fue celebrada con júbilo por una gradas convertidas en el jugador número 12 de su equipo.
Lesión de Nahuel
Por ello, el gol de Budimir (min.20) provocó una explosión de alegría en Son Moix como no se veía desde hace años. Tras una maniobra excepcional, el croata se perfiló hacia su pierna buena, la izquierda, para soltar un latigazo pegado al palo imposible para Dani Giménez. El Dépor, que perdió a Nahuel (min 29) por lesión -le sustituyó Carlos Fernández- aguantó el chaparrón como pudo, pero en contadas ocasiones pisó el campo contrario.
Sus jugadores pidieron penalti (min. 4) por una caída de Borja Valle, y vieron como el colegiado les anulaba un gol de Vicente (min. 43) que vino precedido de una falta previa. El ritmo frenético que quiso imponer el equipo de Vicente Moreno convirtió el partido en una sucesión de entradas al límite del reglamento, donde cada balón era peleado como si se estuvieran jugando los últimos minutos del partido y con todo por decidir.
El toque, la pausa y el peligro latente de los contragolpes del Dépor no frenaron el ímpetu de un Mallorca que no solo jugaba contra un rival encerrado en su campo, sino que también contra el reloj. Los jugadores bermellones buscaron con ahínco el segundo gol, no cejaron en su empeño en ningún momento impulsados por un público incansable que les empujaba sin cesar.
Son Moix, con el balear Rafa Nadal como aficionado de excepción, estalló con el tanto de Salva Sevilla (min. 61), otro golazo, de falta directa. El veterano centrocampista andaluz clavó el balón desde fuera del área. Se alcanzaba la hora del partido y el Mallorca había logrado lo más difícil: neutralizar la ventaja del Deportivo y esperar a que no sucediera nada más hasta la prórroga.
El 2-0 le convertía en equipo de Primera si con ese marcador acababan los 120 minutos por su mejor clasificación en la Liga 1/2/3 (quinto) que su rival (sexto). El conjunto de Martí estaba obligado a reaccionar porque el ascenso se le escapaba de las manos, y lo hizo adelantando sus líneas en busca del gol de la tranquilidad.
Lo tuvo Quique (min. 78) con un remate espectacular desde el punto de penalti para obligar a Manolo Reina a hacer el paradón de la noche. A 9 minutos para el final, Abdón Prats, que había sustituido a Aridai Cabrera, enganchó un disparo demoledor, también desde fuera del área, que puso en pie a las gradas y a su equipo, en Primera División.
El Dépor, ahora si lanzado sobre el área rival, lo intentó a la desesperada, pero ya sin tiempo: su sueño del ascenso se acabó, esta temporada, en las isla de Mallorca.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
